Porque ¿la cara es el espejo del
alma? Y porque la catadura quizá vaya por delante indicando, señalando las
conductas que se prestan a tener, que quizá ya las traían de serie, también.
Un tal Koldo, un tal Ábalos, un
tal Cerdán, turbios, porcinos, siniestros, serviles con el “jefe” y, a la vez,
ayudantes contundentes de su “encumbramiento”. Útiles peones en las faenas
tenebrosas que el cine en tantas ocasiones de ficción (o de ficción “inspirada en hechos reales”) nos ha
ofrecido y ofrece. Gente endurecida de encargos torpes, maniobras nada
orquestales sino orquestadas en la oscuridad; de no importa una mierda qué
medios para llegar a un fin. Gente embotada en el encanallamiento sin límites,
corrompible y corruptora con naturales facilidad y disposición.
-¿Y
ellas?
-Por
favor. ¿No había menos petardo que Leire, ese prodigio de retórica balbuceante,
esa reincidente de tópicos, esa espía de mercadillo vulgar, ese carácter de
correosa cotilla de los más bajos lamparones que pudieran encontrarse sobre un
mantel metafórico, reo de pecado, proscrita de cualquier entidad para tirar la
primera piedra?
Luego
las “ministras” y demás ralea, con la Chús a la cabeza, taimadas, gritonas o en
aparente, fingido reposo, prestas a obedecer sin reparos, bilingües ahora con
el hallazgo modernísimo del “ONE…”
-La
lista de figuras es…
-Interminable,
ya te digo.
-Asombra
que no hilen más fino, que no se encomienden a mercachifles menos
esperpénticos.
-No,
asombrar, qué va: son La PSOE y una legión de admiradores y así, que andan
jaleándose, sonriéndose como si nada, toda una fiesta de los vampiros en la
cubierta condenada del Exxon Valdez.
Y ya que no se cansan, tampoco nos cansemos.