Se ve que hay alguna ley (cuyo
perverso espíritu y contrahecho desarrollo ahora resultan letales para los
ceutíes) que a los españoles nos compromete y obliga a tratar a los moros y a
otros foráneos con una satinada consideración que, fuera de exagerada, es
gratuitamente indebida.
Esa ley sirve de escudo y de
mierdosa excusa para que nuestros desgraciados políticos no hagan el trabajo que
de ellos se espera y que nos deben. La carga de hipocresía que de inmediato
incluye, podría ser un ejemplo palmario de casuística jesuita o del
comportamiento que los tunantes del PNV tan a menudo exhiben. Esa ley, enloquecida,
con evidente consecuencia de llevarnos al despeñadero, puede DEROGARSE o
CAMBIARSE DE RAÍZ; y por vía urgente, que no es la primera vez que así se han
hecho las cosas… cuando se ha querido.
Porque lo importante, lo que es
un crimen demorar, es la necesidad imperiosa de devolver a Ceuta su
indiscutible derecho a vivir en paz, eliminando de manera radical y definitiva
esta bárbara “okupación”, este vertedero en que los moros (sí: es su estilo y
todos lo estamos viendo) han transformado las playas de esa ciudad.
Y es que se nos han colado muchas
gentes por una puerta que desprotegieron culpables con nombre y apellido.
Menores y ni siquiera eso, los quieren englobar como “vulnerables”. Pero cada
país genera su propio grupo de vulnerables, y el problema no se arregla con
trasvases. Todo lo contrario: es de una arrogancia ridícula pregonar que nos
caben en el equipaje las arenas del desierto.
La hostilidad y la insolencia que
Perro ególatra ha manifestado contra USA y contra Israel pasa natural factura,
respaldando al rey de los moros, matón creciente. Pero es Europa, si se sacude
los oropeles y ante la cobardía y la ineptitud del “desgobierno” español, la
que debe y puede superar el escalón de las declaraciones, apretándole las
tuercas (que hay unas cuantas, de diverso tamaño) a esa tiránica y teocrática
chilaba.
La invasión generalizada y
gradual de Occidente por los obstinados creyentes de Alá, codiciosos de unos
lujos que no tardarían en destrozar, tiene antecedentes históricos y décadas
recientes de insistencia. Si no reaccionamos, es segura nuestra destrucción.