Divididos, confundidos,
enfrentados, manipulados.
Intoxicados con todas las
argucias del consumo, del “entretenimiento” pedorro que emanan las emisoras de
televisión y demás medios surtidores de las mierdas de moda. Embotados por la
riada de un desgobierno de políticos corruptos, ineptos, vociferantes de
mentiras infames.
Nos han echado a perder,
fomentando el egoísmo, el peor materialismo del dinero, la mirada hacia otro
lado; disfrazando la verdadera solidaridad y hasta el sentido común con las
versiones más espurias y estúpidas de esas palabras, de esas ideas que injertan
en demagogias. Saturándonos con ruido y cuentos chinos.
Mientras la escandalosa y dolosa
situación a la que se ha llevado a nuestros ciudadanos de Ceuta no se resuelva,
si es que llega el día, debiéramos voluntariamente -y por decencia- recetarnos
un comportamiento de duelo nacional que consintiera la atención sólo a lo inaplazable.
Que dejara en suspenso la trivial
distracción del veraneo, las fiestas patronales y locales, el cachondeíto
verbenero, el desquiciamiento fanático del fútbol… el vergonzoso y hortera “sálvese
el que pueda”, el criminal “hasta que no me llegue a mí” (que te llegará,
imbécil) de todo lo cual estamos siendo míseros actores cotidianos.
Que, a gorrazos, o como necesario
sea, inmediatamente echásemos del manejo y del abuso de nuestras vidas a la patulea
que por desgracia viene decidiendo el mal camino a seguir.
Hablo, escribo en el desierto;
caerá en saco roto. Porque carecemos de la valentía, la voluntad y la limpieza
que llevarían adelante esos propósitos, esas decisiones. Nuestra decadencia y
nuestra postración son por completo imperdonables.