El tamaño, ¿no importa? Esa
pregunta se hace a menudo y se debate con diversos argumentos que conducen a
elásticas (con perdón) afirmaciones. Y resulta que prolijamente (que es
adverbio próximo a la machaconería) nos repiten en los “medios” que ahora, con
la cruz encima colocada como remate de esa torre central, la Sagrada Familia,
templo precioso sito en Barcelona, es la iglesia MÁS ALTA del mundo.
Ya era hora de que España, en su
región catalana, consiguiera alguna otra primacía en logros decentes y no en los
capítulos oscuros que andan abrumándonos cada día.
En varias ocasiones he tenido la
suerte de ser visitante, durante algunos de los años que lleva en construcción,
de ese templo sin par, prodigio de concepción en la mente brillante del genio
Gaudí, y ejemplo de tenacidad, paciencia y esfuerzo colectivo. Siempre he
sentido el impacto y la emoción admirada que sin duda produce en cualquier
espectador. Sobra ponderar su ingenio, su casi milagrosa arquitectura, todos
los dones que lo revisten (al templo me refiero, para los que pierdan el hilo
de los pasajes que van siendo largos): arte e imaginación a raudales.
León XIV, entre los vaivenes de
una agenda apretada y puede que excesiva de compromisos, y las modosas lecturas
de cartilla con las que nos quiere, en vano, mejorar de conducta, bendice e
inaugura esa cruz/faro (símil de gran éxito periodístico), en ceremonia solemne
de liturgias sacras, asistencias privilegiadas de próceres, diplomacias
inherentes y montaje espectacular al uso, de luz, sonido, fuegos artificiales,
etc. Personalmente prefiero algo más de moderación en la cuota de color, no sea
que el subconsciente, de forma que nos incomodaría, nos lleve a la evocación de
los centros Disney y otras macromovidas del show
global. Y, ojo, que escribo del color inducido, añadido con dispositivos artificiales,
proyectado sobre el edificio. NUNCA, faltaría más, del que la hermosura de los
vitrales y la sabia disposición estratégica de columnas y otros elementos
obtienen con seductora magia dentro de esa maravilla.
Gran acontecimiento, por encima
de la inevitable multitud y de los mezquinos aprovechamientos sectoriales.
Ojalá haya oportunidad para una nueva visita a esta obra magna.