Puede que finalmente esté cerca
el “triunfo” definitivo de la “Revolusión” cubana. O sea, su colapso
irremediable.
Décadas de cuentos chinos, los “héroes”
que querían ser -o fingir que eran- Castro, el siniestro Ché y la cuadrilla de
asesinos que comandaban, “héroes” sovieticoides por desafiante oposición al
yanqui USA vecino, han lavado el cerebro y sometido a su gente con estúpidas consignas, miedo y hambre y una feroz
represión del que se opusiera. Al punto llegó la mentira y el delirio que hasta
mentes teóricamente finas y sensibles (Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, etc.)
se arrastraron dócilmente, y acaso abducidos, a la loa impresentable e
inexcusable de semejantes aquelarres.
Cuando el comunismo y el
petróleo, etc. de la URSS y lo mismo de la dizque bolivariana Venezuela y demás
colaboradores se terminaron, la miseria de la población fue a más, si cabía, y
el agotamiento y las penurias extremas van a desmontar y a desmentir a la
postre la formidable y duradera patraña.
Lo cómico, lo paródico es que
esto lo vaya a cambiar el loco Trump, a empujones sin posible espera, con un in extremis en que la razón de la
fuerza, que en este caso ¿la tiene?, va a prevalecer sobre una odiosa estafa y
una tiranía caribeña que sólo enriqueció a sus sátrapas mientras la gente, su gente, ha malvivido en la amargura de
una ruina que permanecía insuperable. Yo mismo, en un viaje de hace más o menos
25 años, pude ver todo aquello. Y ha ido, claro, a peor. Porque Patria, según;
pero muerte, vaya que sí.