Como encima tenía ese aspecto de
muñeca rubia y de ojos zarcos, lo que más nos pillaba desprevenidos era la voz
rotísima, el agrietado rugido de tigresa: quizá era la alternativa femenina de
Rodericus Stewart.
-Te
llamarán hereje.
-No
lo descarto.
A lo que vamos: la Taylor grabó
diversas canciones, resueltas con solventes oficio y criterio, que no se nos
despintarán y que la hicieron reconocida y famosa delante de los públicos del
mundo mundial. Y ahora le ha llegado su hora (que además suena a “peli” con Cardinale,
Bronson, Fonda etc.), cosa que ocurre indefectiblemente y así va el planeta,
girando, girando, en lo que (ayer lo comentábamos) se deciden a dar del todo la
cara los alienígenas.
-¿Y
este obituario tan ecléctico?
-Sea;
pero que nunca se entienda como falto de respeto, sino antes bien como sentido
pésame. Porque se trata de un tránsito serio del que ninguno escaparemos. Así
que…