Cortito en
general, en apariencia, y sólo largo quizá en la obediencia, que en eso y en bailar
el agua al jefe todos los del “gabinete” andan iguales, el ministro de
Exteriores (si así se puede decir) viene a darle su elástico visto bueno a ese
antojo de infantilismo histórico que aqueja de vez en cuando a los mandamases
de la nación mejicana, emperrados en azuzar una petición de perdón por parte de
los españoles de ahora, en relación con los asuntos de cuando entonces, 500
años o así, hacia atrás.
Muy distintos,
incluso adversos, se van volviendo con el tiempo los criterios, las varas de
medir, y a menudo los recientes quieren invalidar los anteriores. Con eso
llegamos al revisionismo, las reducciones al absurdo, etc., el presentismo, creo que lo llaman por ahí.
La polémica surge con más ganas de joder y frivolidad que sensatez, y no sirve
gran cosa para desviar la opinión y la descalificación merecidísima que
corresponde a la panda de dirigentes políticos que sufren/sufrimos mejicanos,
españoles y todos los demás terrícolas contemporáneos.
Porque en la
Historia, nos suena que pocos gobernantes debió haber tan desastrosos como los
de hoy.
Y que los
conquistadores de América eran guerreros de su época, aunque también fuesen
otros, religiosos, educadores, y actuaron en consecuencia con aquellas
realidades, claro. Sólo que -poco perdón cabe, de quien sea- si cuando
llegaron, la feria de las masacres entre las propias tribus indígenas ya estaba
a la orden del día, espectacular de crueldades y torrencial de sangre y selvas en
los ritos sagrados de sacerdotes/brujos y caciques, y no hubo más que pedir en
lo tocante a matar gente. Tampoco en lo tocante a engendrar, con gusto
compartido y colaboración acorde de las nativas, los linajes y apellidos, las
descendencias que, siglo XXI adelante, todavía son mayoritarios por aquellas
latitudes. Porque es proverbial la atracción recíproca que ejerce el exotismo
entre personas de razas diferentes, y ésa no fue poca ayuda para el mestizaje
que, por otra parte, tanto se alaba en la actualidad.
Flaco empeño,
fomentar rencores tardíos, discutibles ajustes de presuntas cuentas, fíjate,
Julián, que lo del año que viene nada más se refiere a esa otra invasión, la de
los turistas por La Barrosa, que Dios les da salud como descanso dejan.
Y que sigo con
estos apuntes en el “blog”, con el
permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide.