Cuando se siente un poco
legendario
-sólo un poco, porque no está tan
loco
para creerse mucho más que un
poco
y entiende lo que pesa un
calendario-
monta en su “trike” y se encasqueta el yelmo;
y ya sabe cuán ardua es esta rima
si no media la oración a San
Telmo.
Es un yelmo, francés en su
diseño,
que reserva verano tras verano;
sobre la “trike” (Estelar Clavileño)
da un toque a lo “300”,
espartano,
aunque sugiere curva femenina,
displicente, elegante, sibilina.
-¿Dices
por lo francés?
-Eso
es.
En fin, cabalga a solas,
balandro metafórico entre olas,
sintiendo las miradas que, en sus
autos,
le prodigan conductores incautos,
sorprendidos, a veces envidiosos
que examinan esa insólita estampa
con atónito gesto de curiosos.
Va por la carretera
que flanquea un cimbreo de
palmeras
urdiendo, pergeñando en la
memoria
las ligeras palabras de esta
historia.