Primero fue la entrevista a Carlos
Latre, retornando a Antena 3, después de un intento de promoverse a otra quizá
más alta y ambiciosa encomienda… que terminó con fracasito poco disimulable.
A una oferta tentadora y seguramente
de dinero jugoso, un profesional del espectáculo puede responder como quiera;
generalmente aceptándola. Transcurrido un tiempo, también como “hijo pródigo” (casi eran sus palabras)
volver a “su casa” si se lo admiten. Corriente.
Nadie le discutiría a Latre su
oficio como imitador, parodista y chistoso; lleva años en ello y, con lo que
eso desgasta, él va resistiendo. En esta ocasión fue a lo fácil. Las aristas
numerosas del personaje representado anoche dan para mucho, claro. Y Latre,
maquillado ad hoc, recorrió todo el
repertorio de barbaridades de Sánchez, mas con unos aplausos que, si los hubo,
sonaron poco o se oían poco, menos que otras veces, quizá porque ese personaje
es ya repugnante incluso en su parodia y no está siquiera el horno para bollos
ni para risas sin ganas que muchos no tenemos y los ciudadanos de Ceuta, menos
todavía.
Luego habló Alsina y salió el
tema: que las noticias “se queman” y pierden actualidad superadas, opacadas,
desplazadas por una sucesión de más noticias que todas reclaman su urgencia y prioridad.
No lo niego; mi objeción indignada (con el nulo peso que tenga) es que no se
puede sepultar en el olvido lo de Ceuta ahora, como se han ido sepultando, para
vergüenza de todos, lo de la dana, lo del tren y mil casos más. Y que si la
duración de los noticieros no da más de si, se supriman al menos los 10, 12, 15
minutos que se MALGASTAN – ahora tiene que ser ésa la palabra- en las frívolas
gilipolleces de turno, para seguir recordando y presionando implacablemente
hasta que los culpables paguen por esos crímenes sin perdón posible.
Sé que no será así: a los
mercaderes de toda laya, infinitos, no les conviene. Y a la mierda con ellos,
claro.