Hay silencios
comprados,
hay silencios
de pesadumbre
y decepción colmados;
y silencios
sonoros,
silencios que
camuflan su desdoro
con reverencias
de esclavos domados.
Luego están
los silencios
que se
ocultan entre las catacumbas
de un recelo
que sientes porque mienten
los que
dijeron que la LIBERTAD
iba a venir “con
ellos” en bandeja.
¡Qué patraña
tan torpe y tan añeja!
Lo que viene
con ellos en tropel
es un miedo
sembrado, acusatorio
de todo el
que no trague el repertorio
de las
consignas dadas a granel,
de la censura
hipócrita de turno
que prostituye
hasta el vocabulario
con “palabros”
de tinte estrafalario
y rumbo “progre”,
falso y taciturno.
Cuidado no te
enfilen, discrepante:
que se saben
tu nombre y dónde vives
y, a lo peor,
te llevan por delante.
-¿Nos quieren callados?
-Y amoldados. Incluso asustados.
-Que dice Don Francisco de Quevedo (de quien el
vulgo apenas ha catado los escritos burlones) al respecto que, de lo que no se
puede hacer prisión…
-Te lo citaré: “Ningún tirano
ha podido inventar cárcel para las potencias del alma, ni sus crueldades han
sabido pasar de los sentidos. No pasa del cuerpo su poderío.”
-Y ¿hay que ser un héroe para sobrevivir en esta
época?
-Va a ser que sí.