En algún
momento de su azarosa existencia, el cine español se fue creyendo tan
importante que venía a cuento festejar su vanagloria con la Gala de los Goya,
artificial paripé de imitación algo provinciana de lo que hacen por ahí.
-¿Por ahí?
-Sobre todo en Hollywood, o sea, la entrega de los
Oscar.
El cine
español está comprometido a servidumbres varias que con arbitrariedad y
discriminación caprichoso/selectiva determinan las despilfarradoras subvenciones
que suelta el ministerio de cultura con cargo a nuestro dinero. Así que, en
general, y como en la taquilla están claros el frecuente fracaso y/o la escasez
de asistencia del público (confirmado por datos oficiales) ese dinero a fondo
perdido -ese necesario sostén- se agradece con reverencias obsequiosas y con
diversas dosis de obediente seguidismo a según qué consignas, cuotas,
directrices y mierdas del gobierno de turno.
Este año, a
los premios Goya (de “tradición” más corta que la de la tomatina) te invitaron,
Susan, para entregarte el homenaje que tu carrera en el cine merece; carrera
larga, constelada de un sinfín de personajes, de papeles diferentísimos a los
que tu talento y tu atractivo, esos dones, concedieron relieve extraordinario.
Por la “tele”,
y de pasada, te hemos visto: el maquillaje y los focos atenúan todavía la
huella de los almanaques que nos van desmoronando a todos, esto va de suyo y
mejor que nos resignemos; lo que no, es el chasco, que otros dirán decepción, de
escucharte desvariar con tontos piropos de vieja gloria que dedicabas al “figura”,
y defender lo que se ve que no sabes.
El mundo ha
cambiado mucho, tú y yo ya hemos vivido lo suficiente para observarlo, fíjate
que hasta casi todo lo vamos reduciendo a siglas tan estúpidas como WOKE y
MAGA, que ya menudean también en la perdida originalidad de España. Y de
acuerdo, no estás obligada a ser faro, ni pequeñito, de tus espectadores. Pero
reconoce que pisar esa cáscara de plátano dará resbalón delicadísimo y quizá
percance irreversible a los huesos veteranos que con fragilidad sirven de andamio
a tu cuerpo de jota, Sarandon.