es actualmente un sólido equipo
de estupendos jugadores que, dirigidos con sabiduría y oficio por un gran
entrenador, ayer y con todos los merecimientos se alzó con el título del
campeonato del mundo, derrotando con muy superior estrategia y entendimiento a unos
rivales argentinos que intentaron suplir su inferioridad con diversas muestras
de malos modales, empujones, patadas, zancadillas, etc. muy fuera del nivel mínimo
que cabe incluir y esperar en este deporte que algo de contacto tiene, claro.
Varias cualidades avalan a esta Selección,
no siendo la menos importante la cohesión y el estilo de un juego colectivo que
descarta protagonismos individuales: si hay “estrellas”, están por suerte
todavía en relativo agraz; ya tendrán tiempo para ir manifestándose cuando los
años por cumplir y la vanidad -el ego- saquen a flote ese humano brillo.
Por ahora, el resultado es indiscutible
y acreedor de los máximos reconocimiento y aplauso. Y serán también
comprensibles la euforia y el entusiasmo de los aficionados, el estallido de su
júbilo y las consiguientes y reiteradas expresiones, incluso hiperbólicas, que
durante varias jornadas nos están aseguradas.
Se puede quedar aquí, en esta
gran celebración para los españoles. Y omitir o no el sofocón de los renegados
cuyo encono (que siempre exhiben con beligerante destemplanza) es la penitencia
de su pecado, de ese no dejar vivir que los define. Elijan Vuesas Mercedes.