Hay un cantar
de gesta que relata
las hazañas
del pobre Bolañitos,
sumiso esbirro,
gafas inocentes
que insistentes
delatan
lo dócil que
las órdenes acata
de su
glorioso jefe inmaculado.
Prolijo y
extremado,
ha dado en
infamar al juez Peinado
porque con
valentía ha señalado
los manejos
que, asaz inconsecuente,
la consorte
notoria y choricilla
decide que
son de su “negociado”
con la
intrépida audacia que más brilla
en el tapiz
de la farsa presente.
Como no te
conoce,
Eastwood
nunca jamás te llamaría
un “yogur atontao”.
Pero vaya la “guasa”
de ministrillo
títere que eres
bailando en tu
“tablao”.