-¿Y
a Vuesa Merced no le parece que hay mucho mamoneo y mucho despilfarro del
dinero público, que es el nuestro, en oropeles de políticos?
-Mucho
no, muchísimo. La realidad es que esos partidos políticos (que el Generalísimo
impidió e incluso algún sabio de la antigüedad clásica ya denostaba por ser
estorbos perjudiciales para la toma de necesarias decisiones) salen carísimos
en sueldos inflados, chollos peculiares y sinecuras variadas que solamente
sirven para su boato, su molicie y -ya instalados en tan ficticia “especialización
superior”- el fomento desmedido de sus soberbias. Que encima, presumen de “estamos
trabajando…” y vaya de la playa.
-Porque
además, Vuesa Merced piensa
que 350 o 360 parlamentarios cuya intervención, repartida por grupos, se limita
a obedecer la disciplina de voto, son superfluo y escandaloso renglón en el
presupuesto; y que, tal como ellos mismos se definen y defienden con insolente
cerrazón, son “el chocolate del loro”: o sea, dinero perdido en alimentar ese
coro de parloteantes y estériles papagayos. Con un solo parlamentario por grupo
o ideología ya tendríamos para ese simulacro de la “representación popular”… y
de modo mucho más económico. Así pues, ¿convendría estudiar, para su eventual
implantación en España, la radicalidad de Milei y su motosierra desmochadora,
la contundencia sancionadora de Bukele y sus prisiones sin mimos melindrosos
para los delincuentes?
-Claro
que convendría. Y comprar una escoba para barrer los cadáveres -metafóricos, no
faltaría más- de la riada de parásitos que, ineptos para otro menester, han
ingresado e ingresan en la política profesional, tan ayunos de méritos y
capacitación como sobrados de retórica barata, urdida con hojarasca y
rutinarias frases de manual.
-¿Caerá
esa breva?
-No
lo verán los ojos zarcos de Vuesa Merced.