Para empezar,
quiero manifestar aquí mi radical rechazo a esa mierda ideológica que llaman “leguaje
inclusivo” y que ninguna cabida tiene, para personas normales, en la limpia
lengua española, a la que acosan miriadas de tábanos y gilipollas diversos con
esas proposiciones malditas.
Así que LOS “influencers”.
Tipos listos, que han detectado enseguida la frivolidad y el gregarismo de masas,
la ausencia de criterios que a ellos encumbra como “gurús” de la tontería y el
consumo, aunque exitosamente seguidos, aclamados. Seguro que la palabrita exótica,
cosmopolita e internacional iba a tener mucha más acogida (por la propia
simpleza y esnobismo del público) que si hubieran elegido “influyentes” o (más
incómodo e inverosímil) “influidores”. El asunto es que, desplegando las más
triviales herramientas del seductor mundo digital, espabiladísima grey en lo
suyo, se están forrando con la explotación global de la estupidez humana
contemporánea.
Gentecilla
libérrima, con “oficio” que, al parecer, escapa absolutamente al control y a
cualquier forma de sometimiento, terminan siendo adalides, bien que
individuales y acaso sin proponérselo, de una forma de contestación que
desacredita y deja con el ridículo culo al aire al “SISTEMA”.
Y cuando los
enanos, los hipócritas, los envidiosos y los demagogos los acusan con ferocidad
de ser insolidarios (por lo de tributar impuestos en otros lares y “aprovecharse”
de según qué coberturas en nuestro mapa) su respuesta inobjetable y rotunda es
que la falsaria y corrupta administración pública española da el peor ejemplo
de malversación y derroche, de nepotismo y escandalosas torpezas y chanchullos,
y por ello carece de la más mínima autoridad -moral y de la otra- para
imponerles el expolio que los demás sufrimos y perpetuamos con nuestros votos cómplices
y pringados, o bien con nuestros votos de resistencia y desacuerdo, por ahora,
inoperantes.
Y que cuando,
por ejemplo, se abre con sin igual imprudencia y perverso propósito el grifo de
cosas como una “regularización masiva”, tunante a todas luces, deberían
morderse la lengua quienes -por no poder emularlos- los motejan de esto y lo
otro.
De los barcos
en trance de hundirse, porque no reaccionamos para impedirlo, hacen bien
quienes escapan a tiempo de no perecer ahogados con el manso, cobarde colectivo
de los dóciles, de los débiles (o debilitados), de los irremediables.
Y hasta que
todo esto no estalle, que más tarde que temprano va a ser así, nadie puede
tirar la primera piedra farisea a los “influencers”. Como poco, imagino que
ellos se pagan las juergas de su bolsillo.
-¿Y las putas?
- También.