Mucho más que
rumores cercan a ese joker de sonrisa sardónica, de apellido Zapatero, que se
ve que ha estado muy mucho “a sus zapatos”.
Las imágenes
publicadas de sus contactos y entrevistas preferentes con el recientemente “extraído”
en Caracas no lo dejan en decente lugar, sino en “pringao” notorio de esos
atropellos y en señaladísimo sospechoso de graves manejos y transacciones que
mucho apestan a eso del tráfico de influencias y a comisiones de puerco
escándalo.
Convendría
revisarle las cuentas a este ejemplar, al que, en discreta órbita, aludía mi canción
de 2006 “El
Jefe” (sin ánimo de señalar), cuando tal personaje aún podía parecer
más idiota que temible; y aunque no hiciera falta mucha perspicacia para barruntar
en sus maniobras la condición de turbio fullero que ahora resulta
indisimulable.
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