martes, 5 de mayo de 2026

La ley electoral

 

Que no se nos olvide: es esa ley, que tiene de mal concebida lo que tiene de peligrosa y nefasta en sus resultados, la que debió redactarse de muy otra manera, con muy otros enfoques.

Pero se optó por los “paños calientes” que exigían los belicosos renegados de siempre para fingir su sosiego -provisional- mientras pergeñaban sus siguientes pasos y, como se ha visto en poco tiempo, traernos, maltraernos, a esta realidad que nos extorsiona a todos.

Cabe suponer que el cálculo de los riesgos no pasó desapercibido; que todo el asunto pudo preverse y seguramente se previó. Aunque se eligiese “echar balones fuera”, “pan para hoy, hambre para mañana”, etc. que tenemos considerable repertorio de expresiones “ad hoc”.

La conclusión fue una Constitución con agujeros que ha permitido colarse a los delincuentes más siniestros de la política; con una norma, la electoral, que blinda legalmente la chapuza escandalosa con la que se ha instalado este gobierno desastroso, infecto, sin parangón para trazar un presente de calamidades, prorrogable.

 

¿Será de higiene irrenunciable negar la validez de esa ley? ¿Romper, vista su falsedad, esa baraja que tantas veces ya se manipula con mafiosas seudointerpretaciones? ¿Cabe, quizá, la desobediencia debida?

¿O no hay más remedio que, dócil rebaño anestesiado, continuar hasta el compartido matadero?

-¡Qué preguntas!

-Y bueno…