Que no se nos
olvide: es esa ley, que tiene de mal concebida lo que tiene de peligrosa y
nefasta en sus resultados, la que debió redactarse de muy otra manera, con muy
otros enfoques.
Pero se optó
por los “paños calientes” que exigían los belicosos renegados de siempre para
fingir su sosiego -provisional- mientras pergeñaban sus siguientes pasos y,
como se ha visto en poco tiempo, traernos, maltraernos, a esta realidad que nos
extorsiona a todos.
Cabe suponer
que el cálculo de los riesgos no pasó desapercibido; que todo el asunto pudo
preverse y seguramente se previó. Aunque se eligiese “echar balones fuera”, “pan
para hoy, hambre para mañana”, etc. que tenemos considerable repertorio de
expresiones “ad hoc”.
La conclusión
fue una Constitución con agujeros que ha permitido colarse a los delincuentes
más siniestros de la política; con una norma, la electoral, que blinda
legalmente la chapuza escandalosa con la que se ha instalado este gobierno
desastroso, infecto, sin parangón para trazar un presente de calamidades,
prorrogable.
¿Será de
higiene irrenunciable negar la validez de esa ley? ¿Romper, vista su falsedad,
esa baraja que tantas veces ya se manipula con mafiosas seudointerpretaciones? ¿Cabe,
quizá, la desobediencia debida?
¿O no hay más
remedio que, dócil rebaño anestesiado, continuar hasta el compartido matadero?
-¡Qué preguntas!
-Y bueno…
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