Nunca se dijo mejor:
“zapatero,
a tus zapatos”.
No hubo un tunante mayor
(un tunante con “talante”)
al mezclar liebres con gatos.
Porque se te vio venir
y “por la burra venías”
y ahora no cabe fingir
que era sólo teoría.
¿“Bambi”, tú? Qué majaderos
insistentes, recurrentes,
pringados hasta “las cejas”,
salieron a jalearte:
pelotas varios, palmeros,
y esa variopinta gente,
rojerío de la añeja,
zurda cantera del “arte”.
El índice flexionado,
circunflejo,
con gesto cursi y tontarra;
tú, “a tus zapatos”, pactando
“cosas raras” con etarras;
y a más, a más, alentando
las divisiones de marras.
¿Y el dinero?
Dicen que no te gustaba…
Vaya tela, Zapatero,
que si te llega a gustar…
En fin, galas, recepciones,
numerosas, sonrientes
reuniones
con Maduro, con la Delcy
con la créme de los matones…
Y los más tuyos se fingen
atónitos, boquiabiertos,
se asombran de la noticia,
mustios con el desconcierto
de tu “inédita” codicia.
Con el paso de los años
“tu enigmática sonrisa” *
ya no es “de la Monalisa”
como, irónico, te dije
una vez, porque ahora es
de un pérfido reptiliano:
el previsto desengaño,
la sardónica sonrisa
con que se te fue la mano.
*¿Hará falta recordar la
canción casi profética “El Jefe”? (C.D. 2006. Rodrigo.)
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