domingo, 31 de mayo de 2026

De uniforme

 

Quizá se me dirá que trivializo, que frivolizo, según los temas que algunos días empujan estas redacciones. Tanto puede ser como que conservaré conmigo mismo una cierta y saludable dosis de impermeabilidad.

Y es a propósito (los días de desfile en que a Vuestra Majestad corresponde vestir el uniforme del ejército de tierra) de la gorra que luce. No oso poner en duda que cumpla rigurosamente con la estética y los emblemas previstos por el reglamento, pero me llegan a incomodar (y aunque eso a nadie importe, claro) unas dimensiones que parecen mínimas cuando observo y comparo con las (gorras) con  que otros mandos y oficialidad del mismo cuerpo se tocan en la misma ocasión.

Y, si no creo -que no- sufrir alucinación o leve espejismo, me pregunto qué consejero áulico, qué asesor, incluso qué consorte (tan minuciosa, dicen) han descuidado tal detalle. ¿No parece la visera demasiado plana, recta y poco desarrollada? ¿No parece la banda o casquete singularmente estrecha?

A Vuestra Majestad, alta y bien plantada como de suyo es, mejor (y es opinión que no quiere ser atrevimiento) le sentaría una más cumplida talla, sin salir del reglamento, por supuesto; porque tal cual podemos verlo (o soy yo y nadie más) una pizca de desasosiego nos roza, un aliento breve de, ay, efímera y rechazable discordancia.

Que no queremos ni sombras indebidas en la cabeza de Vuestra Majestad.    

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