Los horteras vanidosos son estos
que ahora van a arreglar su imposible cosmopolitismo llamando al ladrón mayor,
agárrense, El ONE.
Se supone que, por error, han discurrido
que la lengua inglesa podría si no ennoblecer, dar un barniz que camuflara lo
ruin de sus trapicheos. “Sí que es verdad” que la estofa de esta cuadrilla no
da para la sutileza, y menos cuando la codicia sin límites, la arrebatiña
generalizada y el fómex de las concupiscencias (esos insaciables pecadillos que
son la gula y la lujuria) ciegan sus ya de por sí cenagosos entendimientos. Y
claro que el patinazo, sobre ser un prodigio de ordinaria cursilería, no les
sale bien.
Pero ahí los tenéis, chorreantes
de embustes sin reconocer, torpes patanes plúmbeos de discurso -por llamarlo de
alguna manera-, enloquecidos en el ansia viva del mangoneo y el trinconeo de los
dineros públicos, insumergibles en la marea de delitos cometidos que convendrá
que los anegue, como a la bochornosa e infame banda que, florituras de la
anglofilia sin digerir aparte, han llegado a ser.
El ONE, nenes, ahí es nada.
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