viernes, 19 de junio de 2026

De película

 

Claro que estaba al caer. Que cómo iba a pasársele al señor juez reparar en la existencia y la implicación de esas dos bigardas relativamente garridas cuyo angelical padre se ve que creyó buena idea iniciarlas, incitarlas a explorar ese mundo jugoso, tentador de los grandes negocios de la mediación y la comisión a escala internacional.

Ahí es nada: coqueteo posiblemente delicuencial con un mundo brillante, de “film” de intriga, aventuras y “glamour”, 007, el Dr. No, la leyenda completa mezcladora de lujos, chanchullos de gran dimensión, casinos royales de vertiginosas apuestas, hotelazos, aviones privados, contactos y encuentros en la milésima fase… en fin, un panorama seductor de jet-set con trastienda, zancadillas vip y, si al caso viene, que suele venir, claro es, tráfico non solum de influencias sed etiam de todo lo que se ande traficando.

Los escrúpulos de conciencia, como se diría que no la hay, se aparcan en polvoriento desván; lo que ocurre a veces es que de esos polvos irredentos salen los sucesivos lodos.

Aleteando alrededor de este sindios, el sector más ñoño, irreflexivo o hipocritón del público se escandaliza y apiada (o lo aparenta) de esas “niñas”, que no lo iban siendo ya cuando aquella tragigótica visita al otro santurrón Obama, casi personaje que cantara Antonio Machín, al son de sus maracas. Pero el tiempo ha ido pasando y, camino de la treintena y exagerando un poco, lo que también a ellas atrae es “el color del dinero”.

Y es que con ese ejemplo paterno/farsante, ya me dirás.              

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