miércoles, 17 de junio de 2026

Informático dubitativo, qué sabe nadie

 

Cuando todavía, clásico, anacrónico, deslizo una carta por la abertura del buzón de correos, vuelvo a jugar a la broma de decirle, en un tono medio de voz, “pa” dónde va.

 

En nuestra bodega de cabecera, la parra vuelve a cubrir, retoñada un año más, el patio recoleto que conoces. Al ventilador de pared (grande, veterano, lleva ahí ni se sabe) le han incorporado un artilugio, una especie de aspersor que difunde minúsculas gotitas de agua pulverizada que procuran moderar los presentes ya calores.

También, el pequeño repertorio de las “especialidades” de acompañamiento incluye, estrena ahora unas modosas “pizzas” relativas, servidas en platos rectangulares de levantadas esquinas a cuya tentación visual no me he resistido y cuyo éxito, hecho el experimento, es sólo pasable y jamás podría competir con el de nuestra “pringaíta” preferida. Riego la decisión con dos “vermuts” que tú calificarías de algo inconvenientes, infringiendo así mi recién reinaugurado régimen (aliteración en R).

Vendremos por aquí, una y otras veces, porque ni contigo ni sin ti; y esta semana, ya te digo yo que no va a olvidárseme la fecha. Luego regreso a la casa de la playa. Eso es porque, como sea que sea, nos queremos. Puede que la gente no se lo explique.         

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