jueves, 11 de junio de 2026

León XIV y la Sagrada Familia

 

El tamaño, ¿no importa? Esa pregunta se hace a menudo y se debate con diversos argumentos que conducen a elásticas (con perdón) afirmaciones. Y resulta que prolijamente (que es adverbio próximo a la machaconería) nos repiten en los “medios” que ahora, con la cruz encima colocada como remate de esa torre central, la Sagrada Familia, templo precioso sito en Barcelona, es la iglesia MÁS ALTA del mundo.

Ya era hora de que España, en su región catalana, consiguiera alguna otra primacía en logros decentes y no en los capítulos oscuros que andan abrumándonos cada día.

En varias ocasiones he tenido la suerte de ser visitante, durante algunos de los años que lleva en construcción, de ese templo sin par, prodigio de concepción en la mente brillante del genio Gaudí, y ejemplo de tenacidad, paciencia y esfuerzo colectivo. Siempre he sentido el impacto y la emoción admirada que sin duda produce en cualquier espectador. Sobra ponderar su ingenio, su casi milagrosa arquitectura, todos los dones que lo revisten (al templo me refiero, para los que pierdan el hilo de los pasajes que van siendo largos): arte e imaginación a raudales.

León XIV, entre los vaivenes de una agenda apretada y puede que excesiva de compromisos, y las modosas lecturas de cartilla con las que nos quiere, en vano, mejorar de conducta, bendice e inaugura esa cruz/faro (símil de gran éxito periodístico), en ceremonia solemne de liturgias sacras, asistencias privilegiadas de próceres, diplomacias inherentes y montaje espectacular al uso, de luz, sonido, fuegos artificiales, etc. Personalmente prefiero algo más de moderación en la cuota de color, no sea que el subconsciente, de forma que nos incomodaría, nos lleve a la evocación de los centros Disney y otras macromovidas del show global. Y, ojo, que escribo del color inducido, añadido con dispositivos artificiales, proyectado sobre el edificio. NUNCA, faltaría más, del que la hermosura de los vitrales y la sabia disposición estratégica de columnas y otros elementos obtienen con seductora magia dentro de esa maravilla.

Gran acontecimiento, por encima de la inevitable multitud y de los mezquinos aprovechamientos sectoriales. Ojalá haya oportunidad para una nueva visita a esta obra magna.           

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