El señor Arroyo, escudero
leal/portavoz de Zapatero hasta la palmadita en la espalda, ha tenido que rectificar,
vaya por Dios.
Y es que de verdad, de verdad, la
“quincallería” del ex-presi-cejis, ahora que ya consta y se publica la tasación,
es mucho más astronómica de lo que ambos pregonaban y sostenían.
Porque está resultando que ZP
(como otros son PS), aquel adalid de las causas más nobles, socialista sencillo
y humilde, de bondad inmaculada que, errático y disperso, peroraba y divagaba
sobre el Universo, las galaxias, la alianza de civilizaciones y otras delicadas
trayectorias de su carácter y de su mente poética, ZP digo, habría recibido en
herencia de antepasadas con vitola de emperatrices otomanas (abuelitas y similares),
una colección de fastuosas joyas variadas, de estética algo oriental y precio
elevadísimo en el mercado y ya no te digo en una eventual subasta.
Colección de joyas que asomó,
tras reticencias, en el registro de las casas, cosas y despachos con caja
fuerte que a este señor le han hecho poco ha, con unos modos comedidos y sin
detención y mano en el cuello que ya habría querido para sí Rodrigo Rato.
Estas joyas espectaculares,
compradas que sean con el dinero de lo
que sea, o bien objetos de regalos distinguidos (que es otra de las
hipótesis), habrán de justificarse con facturas de su adquisición, procedencia,
pertinente declaración en renta y/o patrimonio, o escaqueo feo de privilegiada
y ventajista valija diplomática, etc., ya veremos en qué para este enredito que
nadie, pero nadie se lo esperaba de esta personalidad prócer, de este faro
aureolado de la más alta (y fingida) honradez.
-¿Engañaban
las apariencias?
-A
pesar de su endeblez, a muchos, sí; no a todos, por cierto.
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