Y ayer, la
estupenda noticia fue -no por ya anunciada, esperada, parecía eternizarse- la
detención de Maduro y lo que previsiblemente le va a caer en un juzgado. Que,
tirano por tirano, a Gadafi le ocurrió peor, ¿verdad?
Hagamos
memoria: más de 20 años atrás, el energúmeno demagogo Chaves (rebelde golpista
contra su gobierno, como Franco, ¿no, rojillos incansables, callados en aquella
ocasión como putas muertas?) instauró, a empujones con los venezolanos, una
fantasmal y decorativa república revolucionaria dizque “bolivariana” que se
sacó de la manga y que sus paisanos terminaron asumiendo, azuzados con engaños
o simplemente por la fuerza. Y multiplicando así la decadencia insoportable y
paradójica de una nación tan naturalmente rica y fértil como Venezuela es.
Muerto aquel
perro, no se acabó la rabia, vaya por Dios; y heredó el mecanismo del expolio
Maduro, que ha sido todavía más zafio, torpe y peligrosamente ridículo que su
antecesor.
Las
melindrosas y multinormativas democracias europeas, voz cantante de oropel en
las convenciones y acuerdos del derecho internacional, lamentaban profusamente
la mala suerte de ese país, mangoneado de la peor manera por un tipo al que no
todos se atrevían a llamar dictador crudelísimo. Pero corría el tiempo. Y
ahora, el tremendo Trump mete mano donde los escrupulositos reculaban y puede
que por fin se produzca un cambio, incluso un vuelco.
La izquierda
más o menos feroz profiere anatemas y tempestad de quejas porque, encima, es el
odioso y odiado yanqui el que mueve ficha. Y sobre todo, una inundación de
hipocresía y falsedades cubre este crujido planeta y hasta la próxima.
-El gobierno español se ofrece como mediador…
-¿Y tú te imaginas al folclórico y pintoresco
Donald del discurso aplastante tratando con unos piernas como, por ejemplo,
Zapatero y Sánchez? Me troncho.
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