domingo, 4 de enero de 2026

Campanazo

 

Y ayer, la estupenda noticia fue -no por ya anunciada, esperada, parecía eternizarse- la detención de Maduro y lo que previsiblemente le va a caer en un juzgado. Que, tirano por tirano, a Gadafi le ocurrió peor, ¿verdad?

Hagamos memoria: más de 20 años atrás, el energúmeno demagogo Chaves (rebelde golpista contra su gobierno, como Franco, ¿no, rojillos incansables, callados en aquella ocasión como putas muertas?) instauró, a empujones con los venezolanos, una fantasmal y decorativa república revolucionaria dizque “bolivariana” que se sacó de la manga y que sus paisanos terminaron asumiendo, azuzados con engaños o simplemente por la fuerza. Y multiplicando así la decadencia insoportable y paradójica de una nación tan naturalmente rica y fértil como Venezuela es.

Muerto aquel perro, no se acabó la rabia, vaya por Dios; y heredó el mecanismo del expolio Maduro, que ha sido todavía más zafio, torpe y peligrosamente ridículo que su antecesor.

Las melindrosas y multinormativas democracias europeas, voz cantante de oropel en las convenciones y acuerdos del derecho internacional, lamentaban profusamente la mala suerte de ese país, mangoneado de la peor manera por un tipo al que no todos se atrevían a llamar dictador crudelísimo. Pero corría el tiempo. Y ahora, el tremendo Trump mete mano donde los escrupulositos reculaban y puede que por fin se produzca un cambio, incluso un vuelco.

La izquierda más o menos feroz profiere anatemas y tempestad de quejas porque, encima, es el odioso y odiado yanqui el que mueve ficha. Y sobre todo, una inundación de hipocresía y falsedades cubre este crujido planeta y hasta la próxima.

-El gobierno español se ofrece como mediador…

-¿Y tú te imaginas al folclórico y pintoresco Donald del discurso aplastante tratando con unos piernas como, por ejemplo, Zapatero y Sánchez? Me troncho.        

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