martes, 27 de enero de 2026

Pena, penita, pena

 

No sólo se veía venir (sobre todo por quienes más lo detectaban, lo presentían con conocimiento de causa) el mortal accidente; también era innecesario ser clarividente para presagiar la mierda tramposa con la que el ministro echaría, y de inmediato, balones fuera. Los que le aplauden (!) porque “da la cara”, disimulan la pétrea dureza de ésta, las maromas de mico saltimbanqui que anda prodigando para echarle la culpa al maestro armero.

Tanta locuacidad, exhibida con más descaro que inteligencia, era inevitable que lo hiciera incurrir en contradicciones clamorosas, de las cuales ni se arrepentirá nunca (cínico “cum laude” como es, como son los de su cuerda) ni cree que le pasarán factura.

Mintiendo como un bellaco, retuerce el diccionario, iluso idiota de que la gramática y el simple sentido común y el habla llana no van a ponerlo en el sitio miserable que le toca. Y sí, antes de manifestarlo del tirón, ya sabemos que no tiene ni idea del tema para el que fue nombrado, que estos figuras, estos barandas son meros enchufados políticos, sólo aptos para adular y obedecer al jefe, y por eso la interminable cadena de asesores, especialistas, peritos de cada cosa, que le vayan, o no, haciendo el trabajo, útiles además para el despilfarro clientelar de nuestro dinero y el hipócrita y elusivo troceo de las responsabilidades y las culpas, el gran día de las cagadas, cuando se diluyen en humo huidizo y, si cesan a alguno, ya le buscarán acomodo disimulón para la conformidad y el silencio.

El atraco gigantesco que los impuestos ejercen sobre nosotros es, por lo visto, la única función que se ejecuta con rigurosa, persecutoria diligencia; el resto parece que anda a la deriva, ante el estupor del contribuyente, amansado, disuadido, entretenido con las más diversas socaliñas, con las más torpes añagazas, por esta banda que combina en su perversa fórmula variadas dosis de payasos sin gracia y garantizados delincuentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario