Desde Bruselas, ese escaparate
(carísimo, por cierto), nuestros socios europeos nos hacen llegar sus numerosas
normativas, comprometiéndonos a acatarlas aunque en no pocos aspectos nos
resulten caprichosas y muy inconvenientes.
Paralelamente, y cuanto más
alejados del “Sur” sean ciertos países, más se muestran decepcionantemente
apáticos e irresolutos a la hora de
ayudar con el tema, y no es el único, de la inmigración ilegal, problema y
avalanchas más inmediatos para nosotros como a la vista y en los mapas está.
Esto es así porque hasta que no
te salpica directamente el chorreo “no te
quieres enterar”, como decía añeja canción.
Expuesto el horizonte, lo que también
cabe reconocer es que el egoísmo, las puercas maniobras y las estúpidas -aunque
calculadas- imprudencias de Sánchez y sus adláteres comunistas y separatistas
no pueden pretender el respaldo de esos mismos socios que naturalmente no están
por la labor de ser arrastrados y compartir porque sí según qué ruinas. Ruinas
además provocadas con impresentable y alevoso desahogo.
Conque no es de criticar que
Meloni se ponga tensa y plantee un cierre de fronteras, más deprisa que otros,
porque también (con ella compartimos “Sur”) conoce de muy primera mano de qué
va esta catastrófica movida.
Asombra, y desazona, sentir que
la Historia, las historias se repiten, y que por necesidad convendrá repeler
otra vez -so pena de hundimiento- la voracidad de estos contemporáneos invasores.
Pensadlo un poco, los idiotas del “buenismo” y las fronteras/barra libre, que
es tiempo de verbena, y no estará mal que os vayáis quitando la obstinada
vendita de esos ojitos tan miopes.