miércoles, 5 de agosto de 2026

A Felipe: a ver de qué tamaño es el jardín donde me meto

 

Admito mi carácter, algo clásico; pero no tanto que me amolde por completo a ese “del rey abajo, ninguno”. Y viene esto a que -no faltaría más- siendo ambos de carne y hueso, más carne yo, NO RENUNCIA AL RESPETO debido entre personas el tuteo que, con tu permiso, voy a permitirme, que es reiteración deliberada, un poquillo para descargar.

A continuación del Caudillo, el formato que ensayaríamos en adelante lo decidió tu señor padre, en compañía de otros más o menos notables, y con aciertos y errores, luces y sombras, estas últimas de las que no sólo los adictos a la república sino, especialmente, los chinchosos (por decir lo menos) que tanto abundan entre nosotros, machaconamente resaltarán y recordarán con insistencia maliciosa su faceta negativa, que es moda al uso y manifiesto sectarismo y desequilibrio en los criterios.

Pero, a lo que vamos: monarquía parlamentaria, congreso de diputados y senadores y Constitución. Que el rey, reina pero no gobierna. El esquema, en una comunidad sosegada y entrenada en el comportamiento democrático puede funcionar; mas en la nuestra, bastante por educar y madurar para tal esquema, ha ido desembocando en problema gravísimo, recreado y azuzado por impíos y cabrones enemigos de la convivencia y el respeto armoniosos.

Con cuotas crecientes de degradación y decadencia, ese ensayo de “democracia” nos ha traído a la presente situación, cuyos tonos suenan conflictivos y críticos. Y, traspasada la Corona a tu relevo, arribo ahora a este lío en el que nos movemos.

El diseño legal, Felipe, te ciñe exclusivamente a según qué simbólica representación con veto expreso y exigente de intervenir en nuestras vicisitudes y avatares. Consecuente, llevas adelante el papel asignado a pesar de que -ciego no eres- ya sabes la que está cayendo. Y tan celoso escrúpulo está causando grandes dudas y desazón en más de 4 y conmigo 5. Que, en coyunturas excepcionales que nadie quiso (y acaso nadie pudo, que ya me extraña) vislumbrar a mediados de los 70 del XX, ya no se puede seguramente (por la seguridad de todos) mantener esa exquisita y aséptica y ática posición a la que LEYES, por desgracia ya tergiversadas en su desarrollo y aplicación, te comprometieron.

Llámame exagerado, Felipe, pero me da que el barco se hunde y, en medio de este sobrecogedor examen -también de conciencia-, ¿permanecerás inmóvil como inalterable Don Tancredo porque es indispensable e ineludible el acatamiento y/o la “obediencia debida” a la NORMA, ídolo fatídico, como de pirámide maya?

Según lo que esté por ocurrirnos a los españoles, ¿remontaremos con tu ayuda la ruina o te mandaremos una postal al exilio? Demasiados políticos en la indecencia de no dar explicaciones verdaderas, en no rendir cuentas, diluidos en la comodidad cobarde y la ilimitada frescura colectiva e irresponsable. Quizá haya que concentrar las preguntas y que un solo director de orquesta sea quien, como gestor visible y neto, y con buenos y limpios músicos de ayuda, consiga que suene bien nuestro concierto y merezca nuestro esfuerzo y nuestros aplausos. O lo contrario, Felipe.

Desde mi buena fe, aunque sea irrelevante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario