miércoles, 12 de agosto de 2026

Se diría que al cargo de ministro de sanidad

 

la ha aupado/enchufado su condición de rojera sectaria y quizá de mujer de cuota y paridad funcionarial, también de “feminista” a tiempo parcial y falso.

No suena a mucho, ni diferente, más. Allá se lo haya con su trastienda.

Por ahora, y después de anécdotas teatreras anteriores, parece que se está pensando si hacerse una excursión a Ceuta para que su inteligencia mística pueda apreciar cabalmente la cacareada normalidad de la convivencia forzada y criminal que los invasores han impuesto a los habitantes legítimos de esa ciudad española que el torticero rey moro y los suyos codician con ansia interminable.

La Mónica esta, probablemente no se va a preguntar:

De esos miles y miles (50, 70, 80… las cifras son cambiantes y mentirosas desde la oficialidad) de recién acampados a lo burro, ¿cuántos traen enfermedades curables o no, contagiosas o no, puede que epidémicas o desconocidas, así como sus tratamientos si los hubiere… enfermedades con las que se pretende, con desfachatez y soberbia infinitas, que lidien los ya escasos y desamparados médicos y enfermeros de esa plaza?

¿Le importa algo que no sean su sueldo, privilegios y sillón? ¿Okupa dicho sillón con algún ápice microscópico, residual de decencia, responsabilidad, vergüenza torera o corriente, incluso vulgar, que pudiera rozar la fresca ataraxia de su desahogo?

A ver esa sonrisa, mona, que tú tampoco quieres perderte el eclipse.                  

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