la ha aupado/enchufado su
condición de rojera sectaria y quizá de mujer de cuota y paridad funcionarial,
también de “feminista” a tiempo parcial y falso.
No suena a mucho, ni diferente,
más. Allá se lo haya con su trastienda.
Por ahora, y después de anécdotas
teatreras anteriores, parece que se está pensando si hacerse una excursión a
Ceuta para que su inteligencia mística pueda apreciar cabalmente la cacareada normalidad de la convivencia forzada y
criminal que los invasores han impuesto a los habitantes legítimos de esa
ciudad española que el torticero rey moro y los suyos codician con ansia
interminable.
La Mónica esta, probablemente no
se va a preguntar:
De esos miles y miles (50, 70, 80…
las cifras son cambiantes y mentirosas desde la oficialidad) de recién
acampados a lo burro, ¿cuántos traen enfermedades curables o no, contagiosas o
no, puede que epidémicas o desconocidas, así como sus tratamientos si los
hubiere… enfermedades con las que se pretende, con desfachatez y soberbia
infinitas, que lidien los ya escasos y desamparados médicos y enfermeros de esa
plaza?
¿Le importa algo que no sean su
sueldo, privilegios y sillón? ¿Okupa dicho sillón con algún ápice microscópico,
residual de decencia, responsabilidad, vergüenza torera o corriente, incluso vulgar,
que pudiera rozar la fresca ataraxia de su desahogo?
A ver esa sonrisa, mona, que tú
tampoco quieres perderte el eclipse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario