Mientras los pandilleros de la
diversidad exigente del regionalismo identitario han conseguido arrancar del
chulito mayor la obligatoriedad de malgastar nuestro dinero en pinganillos y
traductores* superfluos para el peor entendimiento entre nuestros
parlamentarios y otros funcionarios igualmente dramáticos…
Mientras los delirantes de las
teorías del género han seguido avanzando y extendiendo la subversión de sus vocabularios
de opereta bufa…
La hermosa Lengua Española que
produjo los prodigios sagrados de San Juan de la Cruz, los admirables
enamoramientos de Garcilaso y ahora es el fundamento de la sencillez
convincente de Bukele, prosigue su desarrollo y su influencia inexorables, fructíferos
y armoniosos.
Al lado, hay pasmosos hallazgos,
itinerarios alienígenas de la expresión que van fabricando los más “ocurrentes”
titiriteros y que se pegan al decir más bobo de nuestros tiempos de decadencia:
Como contracción de patetismo
empobrecedor, de saldo urgente, con o sin necesidad de tanta prisa, hemos
arribado a ese espectacular y exitoso 24/7 (veiticuatrosiete)
cuya interpretación ya está al alcance incluso de las mentes menos impacientes,
y que podrá alargarse en el futuro con la adición de 12/5, (docecinco) de forma que los meses del año y los quinquenios no se
sientan relegados en un injustificado desdén. Y que todo ello se sostenga “desde el minuto uno” sin perjuicio de
posteriores enmiendas.
Como los ejemplos pueden ser
numerosos y por no caer en la tentación de la prolijidad ociosa, vamos a cerrar
estas líneas con el asterisco pendiente, que es:
*El sino del traductor es que su fidelidad y su literalidad siempre
están sospechosamente a prueba; que de manera inevitable no dejan de ser una
interposición que, si Dios no lo remedia, desplazará algo o, hasta sin mala
intención, modulará algo en lo que estrictamente era la intocable esencia de las
palabras. Y que es oficio delicado, corrompible donde los haya. Vaya.
Querido maestro. Nuestra Baronesa de esta Villa y Corte no necesita traductor. Su léxico es florido y elitista; va desde "hijo puta" a "se acabao, pescao". Creo que merece una reflexión del Hipocampo.
ResponderEliminarSalud y suerte desde Aluche.