martes, 18 de agosto de 2026

Claro que las comparaciones sólo son eso, pero...

 

-Ayer tu redacción andaba estricta, Hipocampo.

-Y con pocas ganas de tontunas, lo está dando el clima.

-¿El de los meteorólogos?

-Más, el otro. La cosa es que, por si no se me entendía, traigo hoy dos imaginaciones.

1ª) Imaginemos, sólo por un momentito, que esa acampada rústica y casi chabolera que con disimulo llaman los cautelosos “un asentamiento de inmigrantes que vienen buscando una vida mejor”, se posara, se reprodujera en la perfilada playa de la Concha, allá por las donosuras delicadas y brumosas de San Sebastián. Digamos sin exagerar 50.000 o 70.000 espontáneos, lanzados al ruedo, al inquieto e inquietante deambular, como sueltos y sin destino visible, por las elegantes calles donostiarras. ¿Ya se ve “de venir” la complaciente acogida de esos vascos tan nacionalistas de lo suyo que incluso el fútbol español de los españoles les incomoda hasta esa algarada que después transmitirá la “tele”, aunque con letra minúscula? No es seguro que el ancestral ADN demuestre mayor paciencia y comprensión.   

2ª) Imaginemos que 80.000 españoles (del monto preocupante de personas en paro que tenemos) resolvieran de repente mudarse y, sin permiso, establecerse en la ciudad suiza de Lugano, doblando grosso modo y porque sí todo lo que requieren el funcionamiento y las coordenadas con las que esa localidad se rige. Pretendiendo que la tensión brutal originada condujera a la conveniente solución de sus problemas. “Buscándose una vida mejor”.

Que es el lema que graban en su escudo de paladines los teatrales e inconsecuentes y falsarios predicadores ampulosos de la igualdad humanitaria y los etcéteras; los que mienten con el reparto de los panes y los peces, ya que son los antípodas de Jesús, el Maestro, y ni el poder ni la decencia ni las verdaderas ganas anidan en sus planes.

Son los que, en el delirio globalista y buenista de sus reuniones de alto nivel (con previsible aroma y humarada de maría), rehúsan aceptar que no existe tarta infinita que alcance para todos, ni de coña.

Y que, por eso, la realidad sin maquillajes la componen países con fronteras, con particulares asuntos propios y averías que ir reparando, como para ponerse a arreglar el planeta con parches Sor Virginia.

Es trampa saducea llamar al sentido común insolidaridad, xenofobia y otras palabritas de la demagogia dogmática. Y son los mentirosos y los estafadores quienes, fomentando la confusión, mejor saben que los desajustes del mundo no se arreglan fingiendo una piedad falsa y unos derechos imposibles.              

No hay comentarios:

Publicar un comentario