martes, 11 de agosto de 2026

El eclipsito, vaya

 

De entre los fenómenos que el cielo nos depara con espaciada periodicidad, este que ahora de nuevo sobreviene ha despertado, faltaría más, la curiosidad desmedida, la adhesión sin ambages, el casi fanatismo de nuestras incontables muchedumbres y de las ajenas, tan numerosas o más, si cabe.

El eclipse. Que nos lo han descrito con relativa sinceridad y pasable conocimiento, desde hace semanas, por si quedaba algún terrícola por informar, que parece que hay gente que no se entera.

Embobados como “niños chicos”, esta tontuna cósmica se ha llevado por delante la práctica totalidad de las demás noticias. Y los raudos mercaderes han sacado a la venta unas oportunistas gafitas protectoras que son, o no son, genuinas y eficaces contra los daños en los ojos o meros subproductos de imitación y algo mayor estafa, que no protegerán una mierda a tanto tardío y pintoresco “adorador del sol” o de su omisión transitoria (breve de suyo: el show apenas dura dos minutos mal contados) que añora el comportamiento ritual, supersticioso y simbólico adivinatorio que el hecho debía producir en las tribus más antiguas y/o primitivas del planeta.

Vamos así, atónitos y rabiosamente noveleros, zarandeados y algo timados por la globalización, un poco ñoños, a ver.                           

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