martes, 25 de agosto de 2026

Glotones ahítos

 

por las incesantes comilonas que celebran en el pesebre oficial, ahora, tarde exprofeso por la orden terminante e inapelable de su amo, como los esclavos serviles y amedrentados que son, los ministros acudirán a “dar explicaciones” que nunca tienen, y que son mentiras miserables para apuntalar las fechorías que el jefe ejecuta, con su colaboración delincuente.

Esto, a la vista inexcusable de todos los españoles; en el escaparate internacional que con piedad o desdén nos observa; llevado a cabo con el más brutal  recochineo del que es capaz la banda podrida de ese chulo, con él a la cabeza…

La Revolución francesa, que tanto prometió y luego desbarrancó en el  decente cumplimiento de aquellas ilusionantes promesas, puso de moda drásticos ajustes que más tarde, Historia adelante, se han ido desestimando, también algo desacreditados por la discutible eficacia  de ésa y otras revoluciones para limpiar la basura. Claramente (trá, trá) el mapa y los tiempos se han vuelto elásticos y pusilánimes. Ya no queda casi nadie que con nostalgia los evoque, y sólo nos acordamos de Françoise Hardy, que nada tuvo que ver y en paz descanse.

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