domingo, 4 de octubre de 2026

El chocolate... de los papagayos

 

-¿Y a Vuesa Merced no le parece que hay mucho mamoneo y mucho despilfarro del dinero público, que es el nuestro, en oropeles de políticos?

-Mucho no, muchísimo. La realidad es que esos partidos políticos (que el Generalísimo impidió e incluso algún sabio de la antigüedad clásica ya denostaba por ser estorbos perjudiciales para la toma de necesarias decisiones) salen carísimos en sueldos inflados, chollos peculiares y sinecuras variadas que solamente sirven para su boato, su molicie y -ya instalados en tan ficticia “especialización superior”- el fomento desmedido de sus soberbias. Que encima, presumen de “estamos trabajando…” y vaya de la playa.

-Porque además, Vuesa Merced piensa que 350 o 360 parlamentarios cuya intervención, repartida por grupos, se limita a obedecer la disciplina de voto, son superfluo y escandaloso renglón en el presupuesto; y que, tal como ellos mismos se definen y defienden con insolente cerrazón, son “el chocolate del loro”: o sea, dinero perdido en alimentar ese coro de parloteantes y estériles papagayos. Con un solo parlamentario por grupo o ideología ya tendríamos para ese simulacro de la “representación popular”… y de modo mucho más económico. Así pues, ¿convendría estudiar, para su eventual implantación en España, la radicalidad de Milei y su motosierra desmochadora, la contundencia sancionadora de Bukele y sus prisiones sin mimos melindrosos para los delincuentes?

-Claro que convendría. Y comprar una escoba para barrer los cadáveres -metafóricos, no faltaría más- de la riada de parásitos que, ineptos para otro menester, han ingresado e ingresan en la política profesional, tan ayunos de méritos y capacitación como sobrados de retórica barata, urdida con hojarasca y rutinarias frases de manual.

-¿Caerá esa breva?

-No lo verán los ojos zarcos de Vuesa Merced.

viernes, 2 de octubre de 2026

Accidente inminente

 

Si pones un mono loco al volante, a conducir un autobús, es impepinable que el autobús se estrelle con todos los pasajeros dentro; ya no te digo si el mono, además de loco, tiene un gen perverso que anida en su cerebro.

En eso estamos. Iniciado ocho años atrás este sainete grotesco, este esperpento de pesadilla, toda la trayectoria ha ido empeorando como se temía, aunque más de lo nunca imaginable, hasta las jornadas actuales en que la descomposición acelerada de la momia es evidente y su propósito de desmoronarse derramando alrededor todas las infecciones posibles salta a la vista.

Los socios, mafiosos también, que sistemáticamente alquiló ese mono metafórico para su sostén, comienzan a rajársele y le van devolviendo la chulería trilera que les refregó en los morros al compás que los volvía cómplices necesarios por medio de privilegios, concesiones, indultos y todo tipo de fechorías de mercader cobarde.

Que para nada es, como le dicen sus arrastrados palmeros aduladores, ni listo, ni hábil, ni estratega; sino un burdo traficante de dádivas ilegales con cargo a nuestra convivencia y a nuestros bolsillos.

La traca final está al caer. Entre otras mil cosas que caerán de camino, en el solar ruinoso que nos queda por reedificar.