Será difícil superar el nivel
de bochorno que nos ha inferido el espectáculo de “Sánchez & friends” en Fuenlabrada, el otro día.
La sensiblería cursi y teatrera
de un morreo conyugal tratada como mercancía electoral parece una ocurrencia
discutible y ridícula; pero vamos tocando fondo con esta PSOE de Pedro y a todo
se llega.
Se llega a continuación a una
indescriptible sesión de baile colectivo donde los participantes se movieron
como marionetas de torpe languidez, al representar un simulacro de celebración
teñida de una arritmia lacia que, por momentos, podía evocarnos a algunos casos
de afectados por el fentanilo. Y siendo Chús Montero, como de costumbre, la “prócer”
más dicharachera y enloquecida del retablo.
La gloriosa jornada sucede no muy
distante del patinazo Mínguez, cuya dimisión repentina, velocísima, pretende
aminorar los simbólicos gorrazos merecidamente recibidos por su conducta de
chuleta diplomada en incoherencia 50% e hipocresía, otro 50%.
Y esto con la “derrama” de
regalitos/soborno de prenavidad, tentadora oferta, saldos para el día de la
urna ¿final?; con el mercadillo del Frente Amplio,
aunque Escaso, de esa siempre
rampante izquierda de los desacuerdos; con la estupefaciente permanencia de los
rebeldes a media causa en el centro de Madrid, etc.
¿Deberíamos llamar a estos signos
con la palabra postrimerías? ¿Estamos
quizá en la antesala de “la fin del mundo”? Lo digo por el “cubata” pendiente.
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