para intentar congraciarte con
los que, de siempre, te demuestran su desacuerdo, su antipatía o su
indiferencia; para espolear el voto favorable de quienes pudiesen sentirse
remisos, a pesar de la “paguita” que ya les vienes concediendo ¡con nuestro
dinero!...
Con vulgar maniobra groseramente
oportunista, abres el grifo de los incentivos, los aumentos, las mejoras a
colectivos que, consecuentemente -o eso esperas- queden en deuda contigo, el
tunante dispensador.
Para tal fin, qué digo abres el
grifo, el CAÑO. Coño. Pero pasa que ya te conocemos, redomado cabronazo sin
imaginación que eres. A partir de esa evidencia, ni tú sabes cuánto va a colar
ese gol tardío, aunque claro, nunca te
desanimas.
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