Aparentan -dicen de sí mismos-
ser la izquierda de la izquierda: o sea, la extrema izquierda. Y desde que se
han convocado las elecciones se pusieron en marcha para recolectar todos los
votos que hagan posible su supervivencia.
No la supervivencia del ideario,
añejo, cansino, apolillado; ni la de la coherencia que no brilla porque no la
hay; ni la de la unión, que son una facción célebre por los desiguales y
pintorescos grupos en que se fragmenta. La supervivencia que les importa y por
la que luchan con el encono de una bandada de buitres (con “fondos” o sin
ellos) es la de los sillones en la política, los cargos, los sueldos, los
enchufes a conseguir o repartir.
Lo más gamberro de esta cuadrilla
es su falta de disimulo, “frescos del barrio” sin ambages; la arrebatiña
codiciosa que han dejado en evidencia ante los posibles “fans”. Egos aparte,
que también los pierde una curiosa vanidad sin méritos, de lo que se trataba
con la ocurrencia del Frente Amplio y las tontunas inventadas de última hora,
era de colocarse. Y “al loro” que decía el taimado Tierno.
Tras las jornadas de arduo
regateo, había demasiadas ascuas a las que arrimar la sardina y, por ahora, se
presentarán deshilvanados, gallitos y gallinitas de pelea algo maltrechos, como
salientes con resaca de un trasnocho con más garrafón de la cuenta.
Y es porque ni ellos se creen eso
de la izquierda, programita -cuando lo tienen- engañabobos que sobre todo ha de
servir a sus medros particulares y al imprudente, si no doloso, mangoneo de
nuestras vidas y de nuestro dinero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario