sábado, 17 de octubre de 2026

¿Un cesto con tales mimbres?

 

Aparentan -dicen de sí mismos- ser la izquierda de la izquierda: o sea, la extrema izquierda. Y desde que se han convocado las elecciones se pusieron en marcha para recolectar todos los votos que hagan posible su supervivencia.

No la supervivencia del ideario, añejo, cansino, apolillado; ni la de la coherencia que no brilla porque no la hay; ni la de la unión, que son una facción célebre por los desiguales y pintorescos grupos en que se fragmenta. La supervivencia que les importa y por la que luchan con el encono de una bandada de buitres (con “fondos” o sin ellos) es la de los sillones en la política, los cargos, los sueldos, los enchufes a conseguir o repartir.

Lo más gamberro de esta cuadrilla es su falta de disimulo, “frescos del barrio” sin ambages; la arrebatiña codiciosa que han dejado en evidencia ante los posibles “fans”. Egos aparte, que también los pierde una curiosa vanidad sin méritos, de lo que se trataba con la ocurrencia del Frente Amplio y las tontunas inventadas de última hora, era de colocarse. Y “al loro” que decía el taimado Tierno.

Tras las jornadas de arduo regateo, había demasiadas ascuas a las que arrimar la sardina y, por ahora, se presentarán deshilvanados, gallitos y gallinitas de pelea algo maltrechos, como salientes con resaca de un trasnocho con más garrafón de la cuenta.

Y es porque ni ellos se creen eso de la izquierda, programita -cuando lo tienen- engañabobos que sobre todo ha de servir a sus medros particulares y al imprudente, si no doloso, mangoneo de nuestras vidas y de nuestro dinero.                              

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