Mal le sienta a tu fama
que, incipiente, ya estaba en
cuarentena,
lo que tan pronto ha sido una
cadena
que asumes cuando, haciéndole la
cama
al canalla que ministro te nombra,
a su lado, ya te has vuelto una
sombra
que, complaciente, arrastra la
figura
y la que aparentabas donosura
de doncel competente y preparado.
Se confabulan contra ti los hados
que el desengaño al fin han de
enseñarte
cuando, cansado de domesticarte,
“el jefe” te propine la patada
que acostumbra soltarle a su
manada
sin mayor móvil que hacer su
capricho
de sátrapa mayor y de mal bicho.
Provisional y efímero barniz
se dio al uncirte a su voluble yunta,
con ese Cuerpo que nada pregunta
y está encogido como una lombriz
al anzuelo ensartada.
No es decepción, que no esperamos
nada
del equipo sanchista en que
militas:
la espesa servidumbre por
costumbre
en la memas caras de papa frita.
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