El cobre de tus rizos,
tu espalda por la playa,
mis andares despacio,
observándote.
La introspección me dice
que transcurren los años
y que hasta me hace gracia
esta especial fortuna
de, cotidianamente,
sentir que me visita
este gusto por ti.
Al comenzar el día
nuestro abrazo bendice
este asombroso asunto:
el camino que andamos
-voluntad y paciencia-
juntos.
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