En previsión calculadora de que
se hunda el barco sociata, que todo podría ser, las ratas lo van abandonando,
todavía con el hocico pequeño mas apuntando ya prisas, incluso nerviosos
atisbos de precipitación.
El “amo”, como le han llegado a
llamar, las cebó con abundancia y han sido sus infames cómplices en este
expolio que entre todos ellos han extendido por España. Pero pasa que la
lealtad no existe entre mafiosos y, tarde o temprano, todos se disparan el
recíproco tiro en la nuca. O donde se encarte, que finos tampoco son.
De momento, quieren aparentar
unos brotes de sentido crítico, una decencia imposible ante sus electores
potenciales, ante los golfos adjuntos a sus respectivas parroquias: los
comunistas, los filoetarras, los separatistas del delirio catalino; los
sacristanes, monaguillos y archidiáconos del PNV, etc. Díscolos repentinos, a
los cuales han soliviantado cuanto íncubo y súcubo quedaban desocupados por
ahí, para que vendan su falsa mercancía de neoconversos de esa “altura de miras”
diseñada con plexiglás y purpurina de baratillo.
A través del maniquí dirigente,
nos han saqueado a fondo. Y ahora, ay, ahora…