miércoles, 7 de octubre de 2026

Ganarle el pulso a la decencia

 

El cargo que ocupaste (presidente regional, funcionario del Reino de España), como sutil ocurrencia lleva adjunto el adjetivo “honorable”. Y esta palabra, curiosa muestra de una sobrante y sobrada vanagloria, debería comprometer los comportamientos si no queremos que se quede en farolazo cursi o antojo de cateto.

O sea que, con dinero que “no toca”, organizar un trastornazo de sedición (rebelión con armas metafóricas, urnas ilegales, con mentirijillas y subterfugios) y salir huyendo enseguida con precipitación cobarde -porque otros “colegas” se quedaron a aguantar el temporal y dar la cara- no es precisamente una conducta “honorable”. Y, ya puestos, has estado correteando y camuflándote por parte del mapa europeo, esperando con estilo paradojal que a un corte de pelo como el tuyo le pintasen calva la ocasión de ser perdonado de algún delito que otro. Asunto que te canjeó por obligatorios apoyos parlamentarios el presidente calamitoso y maligno que nos viene arruinando a los españoles los últimos 8 años.

De manera que, próximo tu regreso, ufano de que, envuelto en el aura de tu quimérica “causa”, le has ganado el pulso a la decencia, vendrás como ejemplo de burlón desafiante, de triunfito trilero que al Sánchez le impuso la horma de su zapato. La peripecia, de paso, da la medida de vuestras similares tallas de “próceres”; de la política arrastradita con la que el presente se mueve. Un primor.    

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