Aunque el
trastorno de tu pierna sea
distinto del
que a Byron aquejaba,
y de rondón
te permita eximirte
de un piadoso
bailar con la más fea,
no por ello
se debe colegir
una incomodidad
de poca monta
sino una
rémora que en tus paseos
dejan a la
cadencia un poco tonta.
La parsimonia
noble
que antaño
derramaban tus andares
se ha visto
en estos meses afectada
por un
demérito lleno de azares;
y aun así,
con arrojo
has arrostrado
tu vicisitud,
negándote, gallardo,
a quedar cojo
y haciendo tanto
honor a tu virtud
que en las nuevas
recientes
-que las más
de las gentes desconocen-
me trasladas
tu clara mejoría
y “menos da una piedra, Señoría”.
Como un alto
ciprés que ya en la ducha
sostiene su
exención con valentía,
recibe de
este amigo la que es mucha
y solidaria
muestra de empatía.
¡Que la salud
recuperada, el brío
y el animoso
viento circundante
soplen tus
velas de arduo navegante
y te lleven
al mejor puerto, tío!
No hay comentarios:
Publicar un comentario