Recuerdos del
agobiante confinamiento de hace años, me llegan en estas semanas de borrasca
tras borrasca (ahora les ponen nombre, dentro de la “conspiración” que pretende
infantilizarnos con tontunas diversas) que incitan a una comprometedora y
sedentaria reclusión doméstica.
Tampoco* la
cartelera disponible alentaba a otra cosa; y con esto no quiero omitir mi apoyo
y reconocimiento por Las Salinas, empresa que mantiene con empeño casi heroico
la posibilidad de ese espectáculo en Chiclana.
Así que ayer
tarde, aprovechando una, aunque insegura, pausa provisional de los aguaceros,
me atreví con cierto recelo -que luego encontraría su justificación- a “Send
help”, que es como no traducen mandad o manden ayuda. El avión privado de la
empresa, precioso, las playas de la isla y los correspondientes acantilados y
selvas, a juego. Poco más ofrece este “film”
que plantea trivial la diatriba, el enfrentamiento entre una empleada tan, tan
resuelta y eficaz, tan hábil en toda circunstancia, que no hay forma de
creérsela; y un superjefe estúpido e indefenso hasta el paradigma, que no es
menos inverosímil.
La “peli”
discurre desde la desvaída indefinición inicial hasta las gratuitas escenas de
un desenlace con no logradas ambiciones de “thriller”
(éste es extendido y presuntuoso vocabulario cosmopolita de “entendidos”) y
remata con el aplastante éxito de maniqueísmo revanchista de la ya, a esas
alturas, empachosa protagonista. O sea, todo un poco memo.
A la noche,
volvían a sonar el agua y los truenos aquí, al resguardo del yate en el amarre.
*Torrent y
otros catalanes redundan con un peculiar “tampoco no”, que es de sorprendente y
difícil construcción.
👍👍👍
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