martes, 3 de febrero de 2026

Pasados por agua

 

Recuerdos del agobiante confinamiento de hace años, me llegan en estas semanas de borrasca tras borrasca (ahora les ponen nombre, dentro de la “conspiración” que pretende infantilizarnos con tontunas diversas) que incitan a una comprometedora y sedentaria reclusión doméstica.

Tampoco* la cartelera disponible alentaba a otra cosa; y con esto no quiero omitir mi apoyo y reconocimiento por Las Salinas, empresa que mantiene con empeño casi heroico la posibilidad de ese espectáculo en Chiclana.

Así que ayer tarde, aprovechando una, aunque insegura, pausa provisional de los aguaceros, me atreví con cierto recelo -que luego encontraría su justificación- a “Send help”, que es como no traducen mandad o manden ayuda. El avión privado de la empresa, precioso, las playas de la isla y los correspondientes acantilados y selvas, a juego. Poco más ofrece este “film” que plantea trivial la diatriba, el enfrentamiento entre una empleada tan, tan resuelta y eficaz, tan hábil en toda circunstancia, que no hay forma de creérsela; y un superjefe estúpido e indefenso hasta el paradigma, que no es menos inverosímil.

La “peli” discurre desde la desvaída indefinición inicial hasta las gratuitas escenas de un desenlace con no logradas ambiciones de “thriller” (éste es extendido y presuntuoso vocabulario cosmopolita de “entendidos”) y remata con el aplastante éxito de maniqueísmo revanchista de la ya, a esas alturas, empachosa protagonista. O sea, todo un poco memo.

A la noche, volvían a sonar el agua y los truenos aquí, al resguardo del yate en el amarre.

 

*Torrent y otros catalanes redundan con un peculiar “tampoco no”, que es de sorprendente y difícil construcción.      

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