viernes, 20 de febrero de 2026

Hablando de tunantes

 

Para no desmerecer de la falta de escrúpulos generalizada que caracteriza a los políticos que padecemos, Rufián (a quien el Destino ya condecoró con un apellido singularmente incómodo y tal vez descriptivo) pretende aglutinar -y si se encarta, capitanear- esa quimérica y cíclica refundación de las izquierdas más o menos extremas y comunistoides, cuyas principales señas de identidad son la arrebatiña de traiciones y delaciones, el protagonismo cainita y sectario y el afán de medro descarado desde una raíz de rencores y envidias que en esa facción es casi la sola coincidencia, heredera chiquilicuatre de las añejas mierdas soviéticas.

Gabriel, híbrido de payaso patoso y provocador tribuno de taberna, ejerce un tonito burlón y afectadamente pausado que no lo salva de su condición de separatista profeso. Y en resumen, este no tan mozo ya, sólo va a engañar a los más desnortados de la parroquia, malgastando en sus típicos fraudes la relativa desenvoltura que no se le niega, con su personal madera de tunante fresco y desperdiciado trepa a sus horas, que son todas.

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