ni tiene porqué.
Y acaba de llevarse a Neil Sedaka.
Como si de un
resorte se tratara, inmediato, automático, la memoria me trae la melodía de
aquel “Billete de ida”, traducción afable, considerada (y bastante correcta) del
título de uno de sus éxitos que Radio Vida me hacía llegar en la Sevilla soñada
de aquellos años de ilusiones crecientes. Antes me convoca que “Oh, Carol” o “La
chica del calendario”, tantos temas que subrayan un tiempo que de manera inevitable
se deshace en nostalgias.
Autor de
canciones que empujaban nuestra afición hasta convertirla en impremeditado
oficio, al que me alegra haber pertenecido, con todos los pros y las contras
inherentes, amalgama -como algunos compases- de escarmientos y enseñanzas.
Gentecillas
hay ahora que no vivieron, ni acaso sabrían saborear, la luz de entonces. Se
funciona, todos lo hacemos, así.
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