miércoles, 25 de febrero de 2026

Llamar Borrascosas

 

-solamente- a esas Cumbres, parece poquísimo si se tiene en cuenta el mayúsculo desbarrancamiento que va a producir de forma inevitable un amor tan torturado como cuenta la “peli”.

Los críticos (seudos casi todos) más descontentadizos y refitoleros, esas ratas miserables, reprocharán seguramente a esta enésima adaptación al cine de la novela de Brontë su exceso de belleza formal y la disposición enfática y elaborada de las imágenes. Mas para el espectador de “buen saque” es una jugada gustosa, un lucimiento para la Robbin, que consigue alto nivel en ese personaje caprichoso, tiránico y apasionado de la protagonista, a cuyo lado palidece, con algún envaramiento de tenebroso galán a lo convencional, el mozo a quien humilla y somete, el enamorado sin límite, perruno y paradojal verdugo, hasta que, vértigo y desastrísimo acumulados, el final, como se veía “de venir”, encaja y encalla en el paradigma trágico y fúnebre clásico de la legendaria estética de los románticos “old fashion”.

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