Quitando a la
fúnebre plantilla que (porque le va en ello su pretensión, inútil, de
credibilidad y/o la mera supervivencia) todavía apuntala los embustes
permanentes del Sánchez ese, nadie en el mundo se cree ya sus mierdas.
A este
piernas insuperable, hay que reconocerle la obstinación nunca vista y el incansable
estilo: miente a todas horas y en cada asunto, y es imposible, y cómplice, el
intento de quienes quieren disimularlo.
Confiado
temerario en que podría extender su timo, ha ido sembrándolo por ahí,
traspasando fronteras, apostando a que perpetrar de manera sostenida una trama
de confusiones y falsedades, seguro terminaría infectando a cualquiera que se pusiera
por delante: al que se pusiera a tiro. Y como él todavía no ha recibido
ninguno, prosigue en su método sin que se le dé un ardite, famosa polilla que
ya es, cuán agujereado esté el tapiz de cutre estafa cuya compra nos propone.
El dicho que
asegura que “a tó hay quien gane”, tiene difícil verificación cuando se
trata de este tramposo.
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