Con el
desorbitado ditirambo
que profirió
la señora ministro
de igualdad
sin igual, Ana Redondo,
podría pergeñarse
incluso un mambo,
algún son
tropical
de hiperbólico
y colosal registro
que cantase
con sentimiento hondo
un personaje
de Chiquito, un “fistro”.
En cotas altas
queda el peloteo
y el intenso
bochorno para todos;
difícil superar
tal manoseo,
tan loco palmoteo,
tal exceso,
Redondo, tales modos.
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