jueves, 5 de marzo de 2026

Usureros "cum laude",

 

los gasolineros no han tardado ni un segundo en aumentar el precio del combustible en los surtidores de sus estaciones de sevicia.

(Leen Uds. bien SEVICIA; un puto juego de palabras en circunstancias que deberían causar motines y linchamientos en vez de nuestras resignadas y aborregadas risillas de genuflexo cachondeo español). Y siempre lo hacen así, sinvergüenzas sabedores de que sus depósitos almacenados, sus “stocks” los compraron -y pagaron- antes de que el reciente y vigente arreón contra Irán diese causa, motivo o pretexto para ese desconsiderado, apresuradísimo y chuleador ajuste.

Claro que cuando los máximos ladrones de España son sus gobernantes, el ejemplo venenoso no hace más que cundir. Y cabe preguntarnos para qué mierda sirven las irrelevantes asociaciones de consumidores, teóricas y patéticas e inoperantes de una utópica resistencia contra los infinitos abusos que proliferan amparados en esa cosa -liberal, sí, pero infectada de perversión- que con gentil y canallesco disimulo llamamos economía de mercado, mercado libre, etc., y que significa que el pez grande se come al chico, brutal conclusión sin escapatoria que tanto afean a Donald Trump.

Con lo que sobra de hipocresías y palabras con trampa y malas intenciones, habría que hacer una falla gigantesca, un jodido auto de fe, en el que ardiese, ojalá para siempre, el impresentable factor de la mala leche humana.     

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