miércoles, 25 de marzo de 2026

El péndulo en el reloj

 

Porque el volumen abdominal, cosas de la edad, dista bastante de aquella línea junco, plana y de firme consistencia, que otrora y sin esfuerzo podíamos lucir con empaque heráldico, con el aplomo despreocupado de la mocedad, oscilan nuestra entereza y también nuestra teología entre la contrición y el “carpe diem”.

Un vaivén casi ecléctico, un debate interior, un espejo cambiante de sugestiones contradictorias, un (siempre Borges) laberinto en el jardín de senderos que se bifurcan; y átame esa mosca por el rabo.

Luego están el rigor, el decoro autoexigente, incluso -para los más sensatos- la salud, por un lado; por otro, esa inclinación dionisíaca poco gobernable y ese barrunto demoledor de que, te pongas como te pongas, imposible será para todos esquivar la cornada definitiva que se nos tiene reservada desde el arranque de cada calendario. Conque mientras, ceder o no ceder puede que sea la cuestión.

 

-“¿On se dit qu´à 20 ans, on est le roi du monde…?”

-Entre el París soñador y el tabaco, Françoise la dulce, la añorada, cantaba aquello.

-Pero que luego vienen las postrimerías con su escarmiento.

-Valdés Leal, Miguel de Mañara y demás cofrades.

-Barroca suena Vuesa Merced.

-Decís bien, seor soldado.

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