Porque el
volumen abdominal, cosas de la edad, dista bastante de aquella línea junco,
plana y de firme consistencia, que otrora y sin esfuerzo podíamos lucir con
empaque heráldico, con el aplomo despreocupado de la mocedad, oscilan nuestra
entereza y también nuestra teología entre la contrición y el “carpe diem”.
Un vaivén
casi ecléctico, un debate interior, un espejo cambiante de sugestiones
contradictorias, un (siempre Borges) laberinto en el jardín de senderos que se
bifurcan; y átame esa mosca por el rabo.
Luego están
el rigor, el decoro autoexigente, incluso -para los más sensatos- la salud, por
un lado; por otro, esa inclinación dionisíaca poco gobernable y ese barrunto
demoledor de que, te pongas como te pongas, imposible será para todos esquivar
la cornada definitiva que se nos tiene reservada desde el arranque de cada
calendario. Conque mientras, ceder o no ceder puede que sea la cuestión.
-“¿On se dit qu´à 20 ans, on est le roi du
monde…?”
-Entre el París soñador y el tabaco, Françoise la
dulce, la añorada, cantaba aquello.
-Pero que luego vienen las postrimerías con su
escarmiento.
-Valdés Leal, Miguel de Mañara y demás cofrades.
-Barroca suena Vuesa Merced.
-Decís bien, seor soldado.
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