En contra del
malicioso y ridículo propósito progre/comunista
de que nos creamos una nación de izquierdas a fuerza de mentiras y de hacer repetidos e infumables disparates, las
elecciones -una tras otra, cuando no nos las falsean- van proclamando que los
españoles (“jartos” de la machacona oferta de estúpidas novelerías) siguen
demostrando que son bastante sensatos, gente con sentido común y ninguna gana
de ser timados “hasta el infinito y más allá”.
Conviene pues
que sin dilación Feijóo y su equipo saquen la calculadora y hagan la cuenta
rigurosa, la regla de tres incontestable de que a su escindida rama, VOX, le corresponde el peso, la influencia y la cantidad de codirección que sus
votantes le han concedido; y que Abascal y el suyo entren en razón flexibilizando
por su parte pretensiones que quizá en el futuro -pero no ahora mismo- puedan
encontrar el encaje.
Los votos que
aúpan a ambos son conservadores. Los más exigentes y los que, acaso por
tibiezas variadas, provocaron la alternativa de los primeros. En cualquier
caso, la alternativa que no debe darse es la agónica y calamitosa continuidad
del podrido gobierno actual. Conque, a falta de otra mejor cosa que elegir, uno y otro
jefes, ya estáis tardando.
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