En aquella
edad nuestra, la voz de una joven Mina (magistral ya desde su juventud) iba a
marcarnos con la interpretación de la inspirada canción compuesta por Gino
Paoli, quien ahora ha terminado su andadura.
Tuvo este
italiano larga vida, obra prolífica y reconocimiento que, aun discontinuo, hay
que tener en cuenta, remontando modas, dándonos ejemplo de la resistencia y la
insistencia en ese oficio, la música, que puede ser absorbente e ingrato,
seductor y adictivo, y que en su vida predominó contra sucesos dramáticos, que
no le harían rendirse, al cabo.
“El cielo en
una habitación” (que se tradujo “en casa”, con una impropiedad innecesaria y no
explicada, que yo sepa), después, entre otras, “Sapore di sale” (que con asombrosa
veleidad ya no se tradujo), en la memoria definen su huella, su importancia
incluso inocente; la estética popular de una música y una época que recuperamos
en los afectos del corazón.
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