De vez en
cuando, se diría que se asilvestra; que entra (siempre con cautela) en trance y
decide, hoy Lunes Santo de la Semana Santa, restablecer siquiera mínimamente el
de todas maneras relativo y pasajero orden en el jardín.
Con previsión
suele guardar algunas cajas de cartón, de esas de embalaje, en las que han ido
llegando lámparas, ventiladores, zapatos y un etcétera de artilugios
incorporados durante meses a la dotación. Y ahí, en esas cajas, aguarda el
destino a las ramitas y malezas que va a extirpar en los arriates; y que luego
serán féretro luctuoso en las sucesivas fases del reciclaje municipal.
Conque se
pertrecha de tres o cuatro herramientas que el tiempo, más que el uso, ha
enriquecido con vistosas y cromáticas capas superpuestas de herrumbre y, entre
el heroísmo y la temeridad, va rastrillando, o como se diga, y arrancando de
algún sector hojillas desconocidas que lo hayan invadido con provisional (pero
ellas no lo sabían) impunidad, procurando en la tarea imitar en algo los
manejos profesionales del jardinero habitual que de verdad sabe de eso y que
habrá de venir de nuevo en breve.
Santiago y
cierra España, a no mucho insistir, tensiones, señales, albores de ciática y
quién sabe qué efectos no deseados alrededor de la cintura y lumbares, determinan
un prudente abandono del empeño; la reflexión de eso del refranero “… a tus zapatos”; la moral, tambaleante aunque
consecuente, que al refugio de estas líneas me conduce y que el cambio
climático de hoy, Lunes Santo de la Semana Santa, calmo y apacible, de cariñoso
y templado y solete, ayuda a sobrellevar junto con el vermut artesano de las bodegas Sanatorio. Laus Deo.
-¿La omisión del principio del refrán citado?
-A los “gafes”, lagarto, lagarto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario