La
estrepitosa losa del fracaso
sobre ti cae,
candidato raso.
Y ante tal
descalabro y tan mal rato,
ni siquiera
dimites de inmediato.
No se te da
un ardite,
que ya
andabas jugando al escondite
-errante
mequetrefe- maniobrando,
huyendo,
subrepticio, entre dos cargos
y ahora vas a
bailar la seguidilla,
que ya te
pilla, de este trance amargo.
No te cuadra,
Gallardo, este apellido
que tan
sonoro es y en ti, chirrido.
Totalmente de acuerdo con tu comentario
ResponderEliminar