Como herejes relapsos que no abdicarían de su empecinamiento ni al lado ya de la hoguera, quedan aún tertulianillos correosos intentando defender lo indefendible, agarrados al clavo ardiendo anecdótico, de inutilidad palmaria, con la murga de si hubo o no hubo reunión en “el caserío”. Con este “rábano por las hojas”, residuales inverosímiles tratan de salirse por una resbalosísima tangente, sosteniendo que es verdad (¡) la afirmación de los dos compinches al respecto, siendo notorio que son incapaces de nada que no sea, precisamente, mentir.
Y es que da
lo mismo, granujillas: con reunión previa o no, la necesidad ambiciosa,
codiciosa de unos votos para usurpar el sillón de presidente ha sometido al protoembustero
a cuanto chantaje le han hecho, pagando tales extorsiones en moneda o en
especie, en ventajas arbitrarias o en chuleo de la peor clase; esas cuentas no
se las salta ninguna aritmética.
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