Con cansina
insistencia, con disimulos de raposa, las ideas de “izquierda” se han ido
extendiendo durante décadas y generaciones, cimbreando su barata seducción y, a
lo largo del XX, ya se hacía norma sentir, o simular que se sentía, esa manierista
orientación. A todos los niveles, planes de educación, información predominante
y tendenciosa, teorías economistas y proselitismos varios. Hasta moda, en los
sectores más frívolos y poco reflexivos, en las elitistas pandillas de la “cultura”
y el “arte”, tan necesariamente “comprometidos”. Propaganda y dale que dale.
Esta
convención, gradualmente desacreditada ya por sus falacias, sus hipocresías
demagogas, sus fingidas solidaridades igualitarias y sus evidentes fracasos,
finalmente está cansando y desengañando a la gente y la vuelve a otras miras
que tienen más de sentido común y de tradición que de falsos espejismos presuntuosamente
utópicos.
Lo que dure
la torpe fascinación por esa colosal estafa “progre”, durará el deterioro y el
funcionamiento errático de nuestras sociedades.
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