La
considerable horda de los cafres, los ideologizados zurdillos del rencor y la
revancha trasnochada no te echarán de menos, bendiciendo los olvidos
deliberados que van a producirse en esta hora de tu partida.
En otros, en
cambio, tardará en desvanecerse (porque el Destino es más caprichoso que
agradecido) tu ingenioso modo de escribir, tu humor, tu camino liberal y
caballero, prendas que van siendo más elegantes de la cuenta para el
desquiciado tiempo que toca.
Salve,
Alfonso.
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