Desde hace años, soy espectador
asiduo de “Nadie sabe nada”, donde Berto y Andreu ofrecen su catálogo de
improvisados comentarios multiusos, plenos de humor, ingenio y una espontaneidad
que todavía “aguanta”, pese a ser ésta su 14ª temporada. (Esta numeración está
en entredicho y sujeta a confusa diatriba esporádica, fiel al estilo casi “surre”
de estos polemistas geniales.)
Consulto sus entregas en Youtube,
casi siempre los lunes; y esta temporada, me pregunto si por un prurito de
extensión cosmopolita o como una guasa más, aparecen con el título en inglés -para
mayor alcance de público diverso- y añadiendo unos rótulos que facilitan/NO
facilitan lo que la charla de los protagonistas y las risas que provocan deje
por aclarar o entender. Arma de dos filos, porque esa subtitulación es
cochambrosamente errónea, plagada de brutales faltas de ortografía que no
quisiera achacar a broma pesada impropia del programa. Así que ¿es desidia o
desaliño ignorante no perdonable del becario
en la redacción? ¿Fruto doloso de una educación gramatical... y de la otra, regionalista (el programa se
hace desde Cataluña) tendenciosa y sesgada y evidentemente fallida? Preguntas en
el aire.
Por lo demás, siendo el Hipocampo
de la condición lectora obsesiva que de Cervantes se dijo que “andaba leyendo incluso los papeles rotos
que el viento agitaba por las calles” (cita de esa mala memoria que es
notoria), ha necesitado 3 programas del Nadie para que los ojos prescindan del
imán de esa subtitulación sobrevenida, y la anulen y desestimen casi hasta
hacerla desaparecer.
Se recupera así la atención
debida al sonido de las palabras, a su intención y significado, a la
gesticulación de esos dos actores que son un bálsamo a agradecer, entre la
diaria amargura.
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