miércoles, 23 de septiembre de 2026

Orondo en el sillón del arzobispo

 

Desde hace años, soy espectador asiduo de “Nadie sabe nada”, donde Berto y Andreu ofrecen su catálogo de improvisados comentarios multiusos, plenos de humor, ingenio y una espontaneidad que todavía “aguanta”, pese a ser ésta su 14ª temporada. (Esta numeración está en entredicho y sujeta a confusa diatriba esporádica, fiel al estilo casi “surre” de estos polemistas geniales.)

Consulto sus entregas en Youtube, casi siempre los lunes; y esta temporada, me pregunto si por un prurito de extensión cosmopolita o como una guasa más, aparecen con el título en inglés -para mayor alcance de público diverso- y añadiendo unos rótulos que facilitan/NO facilitan lo que la charla de los protagonistas y las risas que provocan deje por aclarar o entender. Arma de dos filos, porque esa subtitulación es cochambrosamente errónea, plagada de brutales faltas de ortografía que no quisiera achacar a broma pesada impropia del programa. Así que ¿es desidia o desaliño ignorante no perdonable del becario en la redacción? ¿Fruto doloso de una educación gramatical... y de la otra,  regionalista (el programa se hace desde Cataluña) tendenciosa y sesgada y evidentemente fallida? Preguntas en el aire.

Por lo demás, siendo el Hipocampo de la condición lectora obsesiva que de Cervantes se dijo que “andaba leyendo incluso los papeles rotos que el viento agitaba por las calles” (cita de esa mala memoria que es notoria), ha necesitado 3 programas del Nadie para que los ojos prescindan del imán de esa subtitulación sobrevenida, y la anulen y desestimen casi hasta hacerla desaparecer.

Se recupera así la atención debida al sonido de las palabras, a su intención y significado, a la gesticulación de esos dos actores que son un bálsamo a agradecer, entre la diaria amargura.  

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