robándole la suya a los demás, es
estrictamente un comportamiento y un procedimiento de mafiosos. Sean 4 o sean 80.000.
Cuando a personas (que conviven
en aceptable paz y que laboriosamente se ganan con su esfuerzo y su trabajo los
bienes que les corresponden) se les asalta y despoja con toda clase de
violencia e intimidación, eso se llama expolio intolerable, delincuencia extrema
y criminal.
Cualquier sesgo acompañante que
manoseadas palabras elásticas pretendan añadir al asunto, es fullería de
tramposos, de también cómplices imperdonables, que apenas deberíamos considerar
mucho después y a base de “misericordias” muy discutibles.
La “disolvencia” internacional
(woke y otras ocurrencias de trastornados) no engaña a nadie que no se preste a
ello; y siempre ese esquilón de los
borregos suena a malas mañas, a intereses de mierda. De tan siniestras modas,
que no te cuelen ni una, “yogur”, “atontao”.
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