Con qué pesar te vemos,
Margarita,
arrastrarte contrita, arrastrarte
cobarde,
mientras que en Ceuta nuestra
gente arde.
Porque aunque no calaba tu teatro
en los más escaldados de la
orquesta,
quisimos concederte que actuabas
algo mejor que el resto de esa “fiesta”
de corruptos y burdos criminales
que son “gobierno” para nuestros
males.
Y ahora, roble talado,
el malhadado manto que el
bochorno
extiende para siempre en tu
expediente
-no estando para bollos nuestro
horno-
te va a cubrir del culo hasta la
frente.
De añeja añada al trueque no
blindada,
en paripé te quedas, ¿“verso suelto”?:
¡Cuán literaria estás!
“Jueza” inviable, chanza de
zarzuela,
amargo azucarillo que, disuelto,
firma lo mortuorio de su esquela.
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