sábado, 5 de septiembre de 2026

Se puede ser

 

un D. Quijote, legendario, literario, idealista, también algo iluso, heroico, noble, sublime y, en el mejor sentido, caballero.

O un político de mierda y un mísero dictatorzuelo canalla y sin escrúpulos.

En teoría, se podría secundar y admirar al primero. Nunca, nunca al segundo, ni tampoco colaborar en sus infamias y barbaridades.

Con el primer personaje, la utopía nos impide la implicación real, el sueño que sería de una noche de verano, o de invierno, por qué no.

Con el segundo personaje, la decencia nos veta incluso el mero seguimiento, la asunción, que sería directa o indirectamente complicidad, de sus abusos y atropellos, la restauración y el pegamento de los platos que rompe con escandaloso desahogo y conducta delincuente indisimulada e indisimulable, ¿verdad, ZP, chorizo, verdad, Sánchez, macarra de vacaciones?  

 

Ahora expongo una cuadratura de círculo, nada meliflua de “derechos fingidamente humanitarios”, pero de insobornable lógica, por cierto:

Tan mojada es la invasión náutica con flotadores y trajes de neopreno como el retorno (¿de los brujos?), con esos mismos flotadores y atuendos, a sus lares de origen; idénticas la capacidad de los nadadores, la distancia a salvar, las aventureras vicisitudes del clima y las condiciones volubles de la mar.

Los “pañitos calientes” de los “cuentistas chinos” son tan falsarios como intolerable el sabotaje que se nos impone; son otra variedad de terrorismo.   

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