miércoles, 22 de julio de 2026

Un desajuste a reparar

 

Como secuela, como sarampión derivado del reciente certamen futbolero, parece ser que la “hinchada” (o parte della) del equipo argentino ha sufrido, con grave indigestión, el resultado adverso; y hay manifestaciones de esa reacción que, por decir lo menos, son pueriles. Pero ya se entiende que “hinchada” y berrinche nunca son ruidos excluyentes. ¿Cabe alguna consideración que siempre correrá el riesgo de ser inexacta? Sí y no. Aunque entre analistas anda el juego.

Hay un refrán que reza “cuando el río suena, agua o piedras lleva”; así que la fama colectiva de los argentinos -lo que parece- además de su larga, profusa retórica, desenvuelta y con frecuencia mordaz, es que tantos se han vuelto psiquiatras porque ellos mismos eran clientes del diván que desmenuza sus complejos, a saber: escepticismo, prepotencia, superioridad con discutible, escaso fundamento, herencia italiana (mejor creer que no mafiosa) y un entripado de mestizaje cuya integración, de ánimo y de cultura, todavía tiene, con relativo poco tiempo de mapa “independiente”, camino por recorrer, etc., etc.

Sabemos que el orgullo herido puede en ocasiones calificarse de noble; no así la soberbia. Sentado este plano, cuya eventual improcedencia me presto a admitir sin demasiada torsión, estamos ante una evidencia de difícil lidia: el perdedor que no acepta su derrota es doblemente perdedor; y puede desembocar en comportamientos rencorosos y ansias de no siempre limpio desquite que subrayan sus miserias.

-¿Por esa selección lo dices?

-Y por otros más casos.

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